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Caso Villavicencio. Una camioneta de Medicina Legal sale de la Penitenciaría del Litoral el día en el que encontraron los cuerpos de los asesinados.Álex Lima

Correa se pone en evidencia

En las investigaciones sobre el asesinato de Fernando Villavicencio, el expresidente se esfuerza por colocarse a la cabeza de la lista de sospechosos.

La primera persona que habló de Rafael Correa y de su movimiento político como sospechosos de ser los autores intelectuales del asesinato de Fernando Villavicencio fue el propio Rafael Correa. Empeñado en mantenerse un paso por delante en las investigaciones, el expresidente prófugo no cesa de anticiparse a los hechos y a los comunicados oficiales de la Fiscalía, aunque esto le signifique ponerse en evidencia y dirigir hacia sí todos los reflectores. Durante los últimos días, sus precipitados mensajes sobre el asesinato en prisión de los siete sicarios involucrados en el crimen, así como sobre el testimonio de un procesado que supuestamente inculpó al correísmo, confirmaron que mantiene intactas sus fuentes de información en prácticamente todos los organismos del Estado, especialmente la Policía y la Justicia, y lo hicieron ver como un actor conectado con los acontecimientos aún más allá de lo que a él le conviene demostrar.

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Cuando la Fiscalía, un día después del asesinato de los sicarios, llamó a declarar a un último testigo, un integrante de una banda criminal que no está siendo procesado por este caso sino por otros delitos, el expresidente prófugo fue el primero en revelar el contenido de su declaración juramentada: básicamente, que fueron políticos correístas quienes ordenaron y financiaron el asesinato de Villavicencio. Según Correa, el testigo en cuestión, retenido en un cuartel militar, fue presionado por el gobierno para inculparlo. Lo dijo por Twitter horas antes de que la propia Fiscalía diera a conocer información sobre el asunto, aunque omitiendo la identidad de los supuestos autores. Las fuentes de Correa son más rápidas y efectivas que las fuentes oficiales.

Más insólita fue la reacción de la víspera, viernes 6 de octubre. Ni bien el Servicio Nacional de Atención a las Personas Privadas de la Libertad (SNAI) había terminado de informar que “se produjo un evento” al interior de la Penitenciaría de Guayaquil, como resultado del cual se registraron “seis personas fallecidas”, el expresidente ya había sacado las conclusiones correctas de la noticia: que los asesinados podían ser los sicarios de Fernando Villavicencio. En un país donde las muertes violentas en las cárceles son un acontecimiento nada inusual, Rafael Correa fue la única persona a la que se le ocurrió esa idea. Una vez más se adelantó a los hechos para curarse en salud denunciado al gobierno. Y sí, la responsabilidad de esas muertes corre por cuenta de quienes tenían a las víctimas bajo custodia, es decir, el gobierno. Pero ¿cómo pudo conocer tal cosa Rafael Correa? Y no menos importante: ¿por qué se pone tan nervioso?

La declaración del último testigo dio por concluida la fase de indagación previa de la acción Fiscal. La investigación propiamente dicha, en la cual se confirmarán o se desmentirán los testimonios, recién está por comenzar. Es decir: estamos aún lejos de que la Fiscalía solicite a los jueces una audiencia para la formulación de cargos. No existen todavía elementos de convicción. Sin embargo, ante la sola mención de un testigo, el expresidente prófugo ha puesto en marcha todos los mecanismos de reacción de su guerreros digitales en una campaña de comunicación tendiente a desprestigiar la labor de la Fiscalía, denunciar una conspiración política en su contra y proclamar, desde ya, su inocencia. Demasiado nervioso para parecer normal.

Referencial. La diligencia fue pedida de forma urgente. El objetivo sería esclarecer el asesinato de Villavicencio, ocurrido el 9 de agosto de 2023, en el norte de Quito.

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