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Rafael Correa
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A Correa, su perversidad terminó por convertirlo en un chiste

ANÁLISIS. Lo de las burlas por su desaguisado fue apenas un detalle colateral

A punta de maldad, Rafael Correa terminó convertido en chiste. Ocurrió el domingo luego de que circuló en redes sociales un fragmento de una entrevista que le hizo Radio y Televisión Española, a propósito de la incursión ecuatoriana a la Embajada de México y de la fallida huida de Jorge Glas con la ayuda de la legación diplomática de ese país. 

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Con su rostro congestionado y sus ojos inyectados, el expresidente le dijo a la periodista que lo entrevistó que lo que el Gobierno de Daniel Noboa había hecho era suficiente motivo para que la Unión Europea suspenda al Ecuador del Tratado de Libre Comercio, aplicando la cláusula democrática según la cual si un país rompe su sistema constitucional, no puede mantener un acuerdo comercial con el continente.

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Correa no podía ocultar su frustración por lo ocurrido y le era imposible contener su rabia: se le salía por la piel toda. Era tal su estado de exaltación que no tuvo empacho en decir que era necesario tomar medidas que afecten al país para que México no se sienta humillado. 

Tal era la desproporción, el absurdo y la inquina con la que hablaba que, obviamente, la gente empezó a burlarse de él. “Correa exige a la Conmebol que le quite a Ecuador otros 3 puntos en la eliminatoria”, escribía Dr. LePantox, quizá el más agudo relator humorístico de la tuitósfera ecuatoriana; mientras que Chananas, otro humorista brillante de esa red, decía que “Correa declara que el mundial del hornado fue falso”.

Terminar suscitando chistes cuando se está profundamente enfadado o frustrado debe ser uno de los castigos más dolorosos para una persona. Ni siquiera quien produce risas cuando resbala y cae se puede sentir más humillado que el furioso cuando se ríen de él y su furia.

Que Correa haya terminado convertido en un chiste fue, en realidad, la consecuencia de la indignación que desató en redes. Por eso, lo de los chistes y las burlas por su desaguisado fue apenas un detalle colateral a la inmensa cantidad de mensajes en los que se le tildaba abiertamente de traidor a la patria. 

Que haya salido a demandar a la comunidad internacional que se castigue al Ecuador con sanciones comerciales resultó ser tan perverso y absurdo, que lo que finalmente consiguió es la repulsa general. Ni siquiera sus incondicionales ni sus guerreros digitales salieron a defenderlo. Lo que había hecho era, para la inmensa mayoría, absolutamente indefendible. Incluso el presidente Noboa en un comunicado que hizo público este lunes 8 de abril dijo que quienes piden sanciones contra el país son traidores a la patria.

Pero independientemente del perverso deseo de que se impongan sanciones comerciales a su país porque el Gobierno le frustró la huida a su amigo y exvicepresidente, son los argumentos de Correa los que ameritan un comentario. De acuerdo con lo que dijo el expresidente y prófugo de la justicia, el motivo por el que Europa debe romper el TLC que tiene con Ecuador es el hecho, según él, de que se rompió el sistema constitucional en Ecuador. 

Según su muy particular y alucinado criterio, el que se haya invadido la Embajada mexicana constituye un golpe de Estado. Evidentemente, a Correa se lo tragó el fastidio y por eso llegó a decir estupideces tan grandes como esa. Puede ser verdad que Ecuador violó la Convención de Viena que protege las delegaciones diplomáticas y establece la inviolabilidad de su soberanía, pero de ahí a que se haya instalado una dictadura en el Ecuador hay un trecho muy grande. Únicamente una mente retorcida podía llegar a esa conclusión.

Lo de Correa es particularmente infame porque la irrupción en la Embajada mexicana en Quito acarrea tras de sí una espiral de actos que verdaderamente afectan la dignidad de la sociedad ecuatoriana. El presidente Andrés Manuel López Obrador puede ser su amigo y su aliado, pero lo que él dijo sobre el asesinato de Fernando Villavicencio califica para un campeonato de perversidades. Según insinuó entre gestos burlones y tono cínico, la orden del asesinato no salió de las mafias del narcotráfico sino de personas que querían perjudicar a la candidata correísta Luisa González.

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Correa pide sanciones en contra de los ecuatorianos cuando está claro que el Gobierno mexicano fue el que de forma tramposa y llena de alevosía había preparado un operativo de fuga que, ese sí, estaba diseñado para humillar a sus paisanos. Correa podía haber salido a protestar y rezongar por lo de Glas, pero aparecer pidiendo sanciones para el país porque supuestamente se había roto la democracia lo desnudó como lo que es: un tonto caprichoso que quiere que los invitados a su fiesta la pasen muy mal porque nadie le regaló la torta que esperaba.

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