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Diario Expreso Ecuador

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Conspirador a sueldo

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Fue el doctor Velasco Ibarra el autor de esa famosa frase con la que identificaba las funciones políticas del vicepresidente de la República. En su cuarto velasquismo, al que había llegado el “gran ausente” con la más alta votación registrada en la historia, le tocó dejar el poder apenas al año de ejercido el mando, por situaciones dramáticas que finalmente colocaron a su “vice”, Carlos Julio Arosemena, en el poder, quien 2 años más tarde sería despojado del cargo por un golpe militar, dicen que maniobrado por la CIA. Al llegar a su quinto y último velasquismo le tocó al doctor José María llegar con un “vice” de la oposición liberal, Jorge Zavala Baquerizo, que había apoyado al Lluro Córdova, y no con el que fue su compañero de binomio en la lid comicial. Y tal como ahora, al recién elegido segundo mandatario no le dio función alguna y hasta se dice que ordenó le impidieran su entrada al palacio de Carondelet.

Recordamos que en las elecciones de 1948 también el triunfante Galo Plaza Lasso no pudo asumir el mando con vicepresidente propio, ya que ganó el derechista Sotomayor y Luna y no el doctor Abel Gilbert, que completaba la papeleta del MCDN placista. Pero el destino le permitió al famoso médico guayaquileño llegar adonde no lo pudo conducir la mayoría de votantes, cuando por el fallecimiento de Sotomayor, de acuerdo a la ley vigente, se permitió a la Legislatura designar al “vice” y lo hizo reparando la inesperada derrota, por lo que el doctor Gilbert, tal como lo establecía entonces la Constitución, llegó al lugar para el que había sido candidatizado y, como tal, presidió el Congreso.

La suerte de los “vices” ha sido muy distinta, a favor y en contra, a lo largo de la historia. Recordando el caso de Alberto Dahik, este tuvo que dejar su cargo, pero no por voluntad del presidente Sixto Durán Ballén. Otros segundos mandatarios se han hecho con el poder por la caída de sus inmediatos superiores gracias a golpes de Estado civiles. Y ahora le tocó el turno adverso a Jorge Glas, a quien el presidente Lenín Moreno, en franca ruptura con la RC, le quita todas sus funciones y sin poder siquiera presidir la Asamblea, porque los tiempos y las leyes han cambiado.

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