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El claro mensaje de Obama
Unos pasos de tango y sorbos de mate de Barack Obama en Buenos Aires asombraron tanto como el “¿qué bolá?” o la partida de dominó en La Habana. Esta gira del presidente de Estados Unidos, que ayer volvió a su país, mostró otras estrategias de cara a un

Unos pasos de tango y sorbos de mate de Barack Obama en Buenos Aires asombraron tanto como el “¿qué bolá?” o la partida de dominó en La Habana. Esta gira del presidente de Estados Unidos, que ayer volvió a su país, mostró otras estrategias de cara a una región históricamente desconfiada.
En Cuba, Obama profundizó el deshielo con su archienemigo de medio siglo y en Argentina apostó al nuevo presidente Mauricio Macri como un ejemplo de modelo político y económico para la región.
Pero fueron sus salidas con ‘spanglish’, su postura descontracturada junto a Raúl Castro para disfrutar de un juego de béisbol, o sus menciones a los astros deportivos argentinos Lionel Messi o Manu Ginóbili, los gestos que sellaron un acercamiento con dos países distintos, pero con relaciones políticas complejas con EE. UU.
Detrás de los detalles para las fotografías quedó además un discurso profundo en sus alocuciones. Obama llamó en Cuba a “dejar atrás los vestigios de la Guerra Fría” y en Argentina pidió no detenerse en el pasado, hizo así la diferencia con aquel Estados Unidos de los años 60 y 70 que apoyó dictaduras militares para contrarrestar el avance de la izquierda en América Latina.
Con una cierta dosis de autocrítica sobre el papel de EE. UU. en las dictaduras latinoamericanas, insuficiente para algunos. En el simbólico Parque de la Memoria argentino, donde se rinde homenaje a las víctimas de la dictadura, Obama reconoció que EE. UU. “tardó” en defender los derechos humanos en Argentina y otros países, una admisión implícita de la responsabilidad de su país en los setenta. Aún así, enseguida reivindicó el giro que se dio en 1977 con el presidente demócrata Jimmy Carter.
“Sé que existen polémicas sobre la políticas de Estados Unidos en esos días oscuros”, arrancó el presidente. “Es algo que EE. UU. está analizando. Las democracias deben tener el valor de reconocer cuando no se está a la altura de los valores que defendemos. Cuando hemos tardado en defender los derechos humanos. Ese fue el caso en Argentina”, explicó.
“No podemos olvidar el pasado. Pero una vez que encontramos el valor de afrontar el pasado, es cuando podemos cambiarlo y construimos un futuro mejor. Eso es lo que han hecho las víctimas, y EE. UU. continuará ayudándolas en sus esfuerzos. Lo que sucedió aquí en Argentina no es único, pasó en diferentes partes del mundo. Tenemos la responsabilidad de analizar ese pasado, de ser responsables hacia el futuro, es lo que vamos a hacer para hacer del mundo un lugar mejor para nuestros hijos”, remató.
Obama no pidió perdón en nombre de EE. UU., como reclamaban algunos activistas en favor de los Derechos Humanos. Ninguno de los principales dirigentes, en especial Estela de Carlotto, líder de Abuelas de Plaza de Mayo, lo acompañaba, un claro gesto de distancia. Tampoco entró en detalles ni dio ejemplos sobre el papel de su país en los crímenes cometidos en aquellos años. Pero defendió la necesidad de que las democracias, como EE. UU., sean capaces de abordar sus propios crímenes. Y sentenció con dos palabras pronunciadas en español. “Nunca más”.