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Caso Abigail: Crimen que conmueve a Cuenca, con un primer episodio en Quito

Segundo Carlosama, sospechoso del asesinato de Abigaíl, fue sentenciado en 2014 por agresión sexual. La oferta de trabajo era su ‘enganche’

Protesta en Cuenca
Luto. Estudiantes de la Facultad de Filosofía hicieron una vigilia y colocaron velas con mensajes para Abigaíl.Jaime Marín

Segundo Federico Carlosama Espinosa, quien también se hacía llamar Miguel Ángel Fernández, ha sido legalmente calificado como un violador. En 2014 fue sentenciado a doce años de reclusión por una agresión sexual cometida el 24 de diciembre de 2013 en Quito. La víctima fue una joven de 21 años, que anhelaba ser cajera de un supermercado.

El cadáver de la joven fue hallado en avanzado estado de descomposición.

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Por la supuesta buena conducta que mantuvo en el Centro de Privación de Libertad 1 de Azuay, conocido como cárcel de Turi, el individuo dejó la prisión hace aproximadamente un año, favorecido por los informes del Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de la Libertad (SNAI), ente a cargo del sistema penitenciario ecuatoriano, lo que le permitió acceder a la prelibertad. Solo debía comparecer periódicamente hasta que se cumpla el total de su condena.

Para atraer a sus víctimas, Carlosama Espinosa se hacía pasar como reclutador y ofrecía puestos de trabajo. A la última persona que engañó con darle una oportunidad laboral como secretaria, en un reconocido centro comercial de Cuenca, fue la universitaria Ruth Abigaíl Supliguicha Carchi, de 18 años.

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Ella acudió a la falsa cita de trabajo el 8 de octubre de este año, y sus familiares y amigos no volvieron a saber de ella hasta la tarde del pasado jueves, cuando fue hallada sin vida en medio de un bosque de la comunidad Rayoloma del sector de Zumbahuayco, en la vía Cuenca-Azogues, a 25 kilómetros de la capital azuaya.

El cuerpo se encontraba en estado de descomposición y por ese motivo, hasta el cierre de esta edición, no había una confirmación oficial de la causa de su deceso, pues sus restos aún se mantenían bajo observación forense.

Por este caso, Segundo Carlosama fue procesado por el delito de desaparición involuntaria, luego de que un grupo de personas de la parroquia Sayausí, en las afueras de Cuenca, lo identificaron y alertaron a los uniformados de la Unidad de Policía Comunitaria del sector.

La joven fue hallada sin vida este jueves 16 de noviembre.

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Ellos establecieron que se trataba del principal sospechoso del suceso luego de observar en redes sociales las imágenes divulgadas por algunos estudiantes de la Universidad de Cuenca, quienes se habían dado a la tarea de investigar el caso y mejorar una grabación captada por una cámara de videovigilancia, en la que aparecían Carlosama y Supliguicha.

El tipo vivía en una casa cercana al sector conocido como la Y, según se detalla en el último expediente abierto en su contra. Cuando los agentes llegaron al sitio para aprehender a Carlosama, este intentó escapar, pero fue alcanzado. Además, en el trayecto trató de deshacerse de una mochila lanzándola a un terreno baldío, pero algunos lugareños lo vieron y avisaron a los policías, quienes tras realizar una búsqueda hallaron la maleta, que contenía papeles rotos, fotografías y hojas de vida.

Durante las indagaciones del caso se determinó que el día de la desaparición, Abigaíl salió de su casa y caminó sola hacia el parque Calderón (centro histórico), donde se encontró con el individuo, que le ofrecía trabajo desde hace algunos meses, según una versión rendida ante los investigadores por una allegada.

El sujeto, luego identificado como Segundo Carlosama, caminó junto a Abigaíl hasta la terminal terrestre, donde abordaron un bus en dirección a Azogues, provincia de Cañar. No obstante, nunca llegaron a esa localidad. El conductor de la unidad que los transportaba dijo a los agentes que es normal que en el trayecto se suba y baje gente.

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Un detalle que no había salido a la luz y que consta en el proceso al que EXPRESO tuvo acceso es que el 11 de noviembre, tres días después de la desaparición de Abigaíl, hubo un reporte de que al teléfono celular de la víctima fue ingresado un chip de telefonía que correspondía a Carlosama. En ese momento saltaron las alertas, porque al conocer el nombre verificaron que se trataba de alguien “que había estado privado de la libertad por un delito sexual”.

Sin embargo, la ciudadanía fue más rápida para lograr su aprehensión. En esa ocasión, los investigadores lograron seguirle el rastro y descubrir su zona de confort para buscar a sus víctimas.

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