Cáncer de mama: "Mi cicatriz es mi testimonio de vida"

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Cáncer de mama: "Mi cicatriz es mi testimonio de vida"

Cada año, 8 mil mujeres son detectadas con cáncer de mama y 570 están en estado avanzado. Muchas pierden sus senos a cambio de una nueva oportunidad.

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Arte. Sobre las zonas donde se realizaron cirugías de extracción se trazaron ramas y flores en señal de renacimiento y esperanza.cortesía

“Detectamos un tumor y es maligno. Usted tiene cáncer”. Es la sentencia que reciben cada año, a nivel nacional, al menos 8.000 mujeres a las que se les diagnostica cáncer de mama.

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Pero este dictamen no es una condena a muerte como parecería, al menos para Mónica Escobar, de 53 años. O Ruth Carrión, de 41. Alexandra Reinoso, de 50. Y otras siete mujeres más, no es así. Ellas decidieron aferrarse a la vida, dar guerra a la enfermedad y contar sus historias en un evento organizado en el norte de Quito, por la fundación Jóvenes Contra el Cáncer y otras entidades privadas más, en conmemoración al Día Mundial de la Lucha Contra el Cáncer de Mama que se celebra el 19 de octubre.

Es lunes. 10:00. Un fogón pende del cielo. La temperatura supera los 20 grados centígrados y Mónica Escobar transpira y arriesga la integridad de su perfecto maquillaje facial. Pero qué importa.

“Estoy viva, respiro y contemplo lo que Dios me da. Me siento bendecida después de haber luchado tanto estos dos últimos años”, suelta, mientras cubre con el flanco derecho de su vestido una parte de su pecho, donde lleva una marca, producto de una mastectomía, pero también tiene trazadas sobre su piel unas ramas y flores. Se las pintaron con acuarela y simbolizan el renacimiento.

Mi cicatriz es mi testimonio de vida. Poder respirar es un milagro para mí. Solo espero que las autoridades nos den la atención debida.

Alexandra Reinoso, guerrera del cáncer de mama

Hace unos días su tratamiento llegó a la etapa final. La extracción del seno fue el penúltimo paso. Los exámenes médicos para descartar células malignas fue la cúspide.

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“Todo salió negativo. Fue una alegría enorme, pero soy consciente de que debo convivir con la enfermedad al menos cinco años más. Es lo que dicen los médicos y tengo que aceptarlo. Espero ganar esta pelea”.

Enseguida ella cae en silencio y sus ojos cafés anidan agua. Se deshace su fortaleza y llora. Lo hace porque recuerda aquel 8 de diciembre de 2020, cuando escuchó la fatídica noticia. Pero lo más duro fue vivirlo sola.

Lo hizo por convicción. Por decisión propia. Porque no quería provocar dolor a los suyos, sostiene.

Esos seis meses que cargó a la enfermedad como su penitencia conversó con Dios e intentó esquivar su realidad desde su soledad. “Fui la mejor actriz. No sé cómo lo logré, que hasta mi cumpleaños celebramos cuando ya sabía que me podía morir. Me quebraba cuando me decían que me deseaban salud y prosperidad. Mis hijos me dolían más. No quería dejarlos solos. Y parecía que presintieran esto. Todavía me duele recordar, pero aprendí a valorar cada segundo de mi vida. Cada instante con mi familia y gracias a esta nueva oportunidad decidí cumplir mis sueños, entre esos estudiar el bachillerato”.

Mientras estaba en tratamiento le pedía fuerzas a Dios para aguantar y vivir, por mis hijos, por mi esposo, por mí misma.

Mónica Escobar, continuará en observaciones

De acuerdo a las cifras oficiales, en este país, cada año, al menos 570 mujeres acuden a atención médica cuando el cáncer ya está en etapa avanzada y la situación se muestra irremediable.

Según la Sociedad Oncológica, el cáncer es responsable de 15 de cada 100 muertes. El 47 % de los casos son tratados en Solca, el 36 % en el Ministerio de Salud, el 15 % en el IESS y el 7% restante en entidades privadas.

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Pero la frase emblema “Tócate”, que manejan las organizaciones de prevención, no siempre surte el efecto esperado. Así lo sostiene Ruth Carrión, de 41 años.

Hace tres años, ella tenía seis meses de gestación. Esperaba con ansias a su bebé, pero su dicha fue empañada cuando un tumor de 7 centímetros apareció en su pecho “de la nada”.

Pese a que todos los años se realizaba exámenes de rutina en esta zona, no advirtió el ingreso de esta sigilosa y astuta enfermedad.

“Cuando me bañaba también me revisaba los senos y jamás palpé nada. Pero después supe que este cáncer no solo se detectaba así. El brazo se me acalambraba, la mano también y tenía excesiva comezón en los pechos. Y después de conocer que tenía cáncer tuve que aprender a convivir con él. Lo hice porque quería salvar la vida de mi bebé. Y así fue. Y porque quiero verla crecer”.

Solo en 2020 se detectaron 29.273 nuevos casos de cáncer. De estos, 15.123 personas murieron irremediablemente. En el caso de mujeres, este es el principal, seguido de tiroides, útero y estómago.

Pero el combate no ha llegado a la fase final para todas. Alexandra Reinoso es oriunda del Tena, tiene 50 años y tiene alojada a esta enfermedad en su cuerpo desde hace ocho meses.

No sabe qué pasará más adelante. Hay días que pierde fuerzas y las ganas de continuar. Las quimioterapias la debilitan tanto, pero el amor por sus hijos la confortan.

Perdió su cabello. Bajó 8 kilos y ahora está en pausa su tratamiento. Las 15 sesiones de radioterapia están insubsistentes. El déficit que atraviesa el sistema de salud público la ha puesto en jaque. “Sé que mi Dios me enviará un ángel que me salvará de esto”, concluye.