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Diario Expreso Ecuador

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Ser o no ser

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Sí , es verdad, se trata de un viejo dilema humano, pero ¿ qué pretendemos ser los ecuatorianos ? ¿Nos asiste la certeza o aceptamos el engaño para disfrazar nuestros anhelos? ¿Es usted, lector(a) revolucionario, aliancista, democristiano, conservador o comunista? Paralelamente, el abanico ideológico en nuestro país se ha ampliado desmesuradamente y las opciones doctrinarias que antes teníamos se han multiplicado a través de siglas que poco o nada esclarecen el escenario político y restan identidad filosófica o doctrinaria a sus organizaciones. Sus siglas han pasado a ser de naturaleza comercial y más parecerían formar parte de un “marketing” cualquiera, compitiendo en desventaja con denominaciones sugestivas e impactantes como “revolución ciudadana”, por ejemplo. “CREO”, “SUMA”, “FE”, no dicen nada por sí mismas y solo generan una confusión laberíntica en el ciudadano común al perder su identidad y esconder su orientación política y doctrinaria. A todo ello se agrega que ya no se puede afirmar con precisión quiénes están en la oposición o quiénes han salido de ella, ni se puede identificar, sin temor a errar, a correístas que han jurado lealtad a Moreno tras haberla jurado a Correa. Asombra la metamorfosis supuestamente experimentada por algunos de ellos ( y ellas) y es razonable la suspicacia con que hoy vemos a quienes practicaron una lealtad exacerbada hasta el servilismo durante la década correísta y hoy muestran una faz distinta: la de la lealtad para con quien despotrica de su anterior amo. ¡Toda una virtud por conveniencia! Los discursos mantienen el estereotipado patrón de antaño, aunque el héroe de toda una década haya sido en verdad un villano. La fanesca doctrinaria se ha instalado en la Asamblea Nacional, anunciando la proximidad de una Semana Santa en política. La Verdad aquella en la que quiere creer el pueblo, todavía no enseña su rostro entero. La derrota de un oprobioso régimen que se decía revolucionario, generó la natural reacción de una ciudadanía que se sintió defraudada. No fue una simple derrota electoral de un gobierno carente de eficiencia, sino la derrota de toda una organización que albergó a un número mayúsculo de deshonestos, cuyas fechorías se descubren día tras día y semana tras semana, bañando de vergüenza a un país. Lo que hoy se ha puesto en marcha es un proceso indagatorio para descubrir y fijar la conducta inmoral que un mal gobierno pretendió institucionalizar.

Moreno requiere de celeridad y de pragmatismo, además de ser convincente en la descorreización de su gobierno. Su contienda personal fue necesaria y hoy Correa está pasando al silencio y progresivo olvido; pero el correísmo ha quedado y los correístas siguen sumándose e incrustándose en las Funciones del Estado. ¿Hasta qué punto se puede confiar en ellos para la reconstrucción de un país azotado por la impericia e ineptitud de una revolución sin futuro?

Creemos que la historia reciente del Ecuador es por demás elocuente y exige una inflexible voluntad orientada a no repetir las irregularidades pretéritas. Así lo escuchamos del actual presidente. Vacilar en medio camino sería traicionar su propio pensamiento y desfallecer en su voluntad equivaldría a repudiarse a sí mismo y admitir ser una víctima más de la paralización impuesta por el socialismo del siglo XXI.

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