Eliminados en la Libertadores en primera ronda, Emelec sumó otro fracaso al despedirse de la Sudamericana esta vez contra La Guaira de Venezuela. Ángel Mena (foto) muestra desconsuelo.

30 mil hinchas decepcionados

Una eliminación más de Emelec en copas internacionales, pero esta tuvo un sabor más amargo por la vuelta al Capwell. El Bombillo nunca supo cómo encontrar los caminos para darle la vuelta al marcador y el Deportivo La Guaira, con un orden táctico impor

Una eliminación más de Emelec en copas internacionales, pero esta tuvo un sabor más amargo por la vuelta al Capwell. El Bombillo nunca supo cómo encontrar los caminos para darle la vuelta al marcador y el Deportivo La Guaira, con un orden táctico importantísimo, firmó el boleto a octavos y la sentencia del tricampeón del fútbol ecuatoriano en Copa Sudamericana.

En la previa, los exteriores del George Capwell volvían a inundarse con el comercio informal. Las banderas del club millonario, los almuerzos de 50 centavos, que entre el camino podía encontrar hasta conchas con limón. Las cuatro esquinas que rodeaban la ‘Caldera’ emanaban una celebración.

La algarabía por regresar al estadio de Emelec era inigualable. Una vez que pisaban la platea y veían los arreglos de su casa la mayoría aprovechaba para tomarse una selfie con la cancha como principal actor. Pero esas emociones iban a multiplicarse cuando el tricampeón nacional salió a la cancha.

Lluvia de papelitos, cánticos que exclamaban “vamos vamos Emelec, hoy te he venido a alentar, para ser campeón hoy hay que ganar” y una sensación estremecedora que erizó la piel de más de un eléctrico en las plateas.

Con el pitazo inicial, los jugadores millonarios se contagiaron del éxtasis que estaba en la ‘Caldera’. El estadio era lo más parecido a una olla de presión, los eléctricos agarraron la pelota y se proclamaron dueños del enfrentamiento.

Era incisivo, buscaba siempre ir para adelante, rotando la pelota de un lado al otro. Era una supremacía azul en el gramado del Capwell.

Pero conforme concurría el primer episodio, la claridad de los primeros quince minutos se fueron esfumando poco a poco. Los dueños de casa tenían la pelota, pero el orden defensivo del equipo visitante lo obligaba a lanzar constantemente pelotazos por las bandas que nunca encontraron destinatario azul.

Carlos Moreno fue la principal figura de los eléctricos y mandó un mensaje claro al director técnico Alfredo Arias, este es mi puesto. Inteligente a la hora de desbordar y asociarse, al mismo tiempo, muy óptimo a la hora de cerrar. Defensivamente impecable.

El estratega charrúa volvió a efectuar sustituciones que no le generaron ningún cambio trascendental en el segundo tiempo. Hólger Matamoros, que era de los más activos a la hora de crear, se quedó en el camerino para darle ingreso a Segundo Portocarrero, quien fue muy irregular en su accionar.

Otros referentes como Ángel Mena, Cristian Guanca y Dennis Stracqualursi pasaron una tarde extraña. ‘El Ángel’ azul tuvo intenciones, pero nunca bastaron, mientras que ‘el Traca’ nunca fue abastecido de forma correcta y el otro gaucho no tuvo más que un remate. En lo colectivo no aportaron.

El portero chileno, Felipe Nuñez, fue la figura de los venezolanos. Salvó cinco atajadas clave que le pudieron dar la clasificación a Emelec, pero el orden del Deportivo La Guaira era algo impenetrable y, al final, la fiesta fue para ellos.

La vuelta al George Capwell no fue como todos los azules esperaron. Aunque las ganas de los locales no se las puede debatir, el pobre juego durante toda esta eliminatoria los aleja, una vez más, de otro torneo internacional. Todos pedían la cancha, llegaron y no pudieron celebrar la fiesta. Solo queda el tetracampeonato.