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Diario Expreso Ecuador

En 'Ruido Blanco', Paula Terán Ospina imagina el mundo después de la Tercera Guerra Mundial

La primera novela juvenil de la autora ecuatoriana sigue a una joven que busca despertar a su familia en una sociedad devastada por el colapso

Terán es bióloga, tiene un máster en Ciencias de la Educación por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y es ilustradora.

Terán es bióloga, tiene un máster en Ciencias de la Educación por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y es ilustradora.Cortesía

Mariella Toranzos
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Un mundo distópico

  • Ruido Blanco, la primera novela juvenil de Paula Terán Ospina, imagina una humanidad que intenta reconstruirse después de la Tercera Guerra Mundial mientras enfrenta un misterioso sueño que atrapa a parte de los sobrevivientes.
  • n esta distopía confluyen la ciencia, la conservación y la literatura, disciplinas que también atraviesan la trayectoria multifacética de la autora ecuatoriana.

En la superficie, el mundo ya no se parece al que alguna vez conoció la humanidad. Las ciudades, las carreteras y los edificios desaparecieron tras una sucesión de desastres industriales, climáticos, sociales y bélicos que desembocaron en una Tercera Guerra Mundial.

Durante años, quienes lograron sobrevivir permanecieron bajo tierra, protegidos en refugios antinucleares. Ahora comienzan a salir y a formar pequeñas comunidades con aquello que encuentran entre los restos de la civilización.

Pero reconstruir la vida no es sencillo. A la escasez de recursos y a las amenazas de invasores, esclavistas y caníbales se suma una condición inexplicable: algunas personas caen repentinamente en un sueño parecido a un coma y quedan atrapadas en pesadillas interminables.

Son los durmientes. Entre ellos se encuentra la familia de la protagonista, quien decide iniciar una travesía para descubrir qué sucede y devolverles la vigilia. Para conseguirlo, deberá abandonar su aldea y recorrer un territorio desconocido, mientras pone a prueba sus afectos, sus certezas y la confianza depositada en quienes la acompañan.

Ese es el punto de partida de Ruido Blanco, la primera novela juvenil de la escritora e ilustradora ecuatoriana Paula Terán Ospina. A lo largo de casi 500 páginas, la autora imagina un planeta posterior al colapso, donde los sobrevivientes intentan organizarse con los recursos disponibles y enfrentan tanto los peligros heredados del antiguo mundo como aquellos nacidos tras su desaparición.

La novela combina ciencia ficción, aventura, introspección y elementos de misticismo. Aunque está ambientada en el futuro, sus interrogantes dialogan con asuntos del presente: las consecuencias de la crisis climática, el uso de la tecnología, las dificultades de la vida en comunidad y la relación de los seres humanos con su entorno. Una pregunta condensa esas preocupaciones: “¿Y si el futuro fuera más salvaje que el pasado que destruyó al mundo?”.

Universos que se entrecruzan

El recorrido de la protagonista no se limita al desplazamiento por una superficie arrasada. Su misión la enfrenta a preguntas sobre el amor, la lealtad y el precio que estaría dispuesta a pagar para despertar a su familia. A lo largo del trayecto, la novela alterna los conflictos externos con las dudas íntimas de sus personajes y reserva para el final las respuestas sobre el origen de los durmientes.

Detrás de este universo se encuentra una autora acostumbrada a transitar entre distintas disciplinas. Terán es bióloga, tiene un máster en Ciencias de la Educación por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y cursó un posgrado en Ilustración Creativa en BAU, en Barcelona.

Antes de publicar Ruido Blanco, escribió tres novelas infantiles e ilustró más de treinta libros para editoriales como Libresa, Santillana, SM, Chacana y Planeta. Actualmente, su trabajo se concentra en la literatura infantil y juvenil, así como en la comunicación visual aplicada a la ciencia, la conservación y la sostenibilidad. Estas áreas también atraviesan la novela y se vinculan con preocupaciones actuales, como la crisis ambiental y los conflictos bélicos.

“He hecho ilustraciones en el campo científico gracias a que colaboro constantemente con investigadores para trabajar proyectos. Eso me emociona muchísimo. Me gusta ser ese canal entre los científicos y el público”, señaló en una entrevista. 

Una vida marcada por el arte

Su vínculo con el arte viene desde la infancia. Su abuelo fue el pintor colombiano Marco Ospina; su abuela se dedicó al canto y la actuación, y fue quien le enseñó a cantar y a tocar la guitarra; mientras que su madre fue bailarina de ballet.

La música continúa formando parte de su vida: actualmente integra un ensamble de música celta, en el que toca instrumentos de viento y percusión menor.

En Ruido Blanco, esas distintas facetas —la bióloga, la educadora, la ilustradora y la escritora— convergen en la construcción de un mundo en ruinas que todavía conserva espacio para la esperanza.

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