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Diario Expreso Ecuador

Silvia Buendía y su columna en Diario EXPRESO: una recopilación de algunas de sus reflexiones

A parte de su ferviente activismo por los Derechos Humanos, la abogada guayaquileña también se destacó por sus publicaciones este medio en su columna 'Enfoque'

Silvia Buendía también fue columnista de Diario EXPRESO.

Silvia Buendía también fue columnista de Diario EXPRESO.archivo / expreso

Alfonso Albán

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En medio de su labor como jurista, integrante de la Comisión Anticorrupción capítulo Guayas y su ferviente activismo por los Derechos Humanos, Silvia Buendía encontraba espacio para dejar plasmado lo que pensaba y sentía. Así lo hizo en su columna semanal publicada en Diario EXPRESO con el nombre de 'Enfoque'.

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Los temas eran variados. Abordó experiencias personales y profesionales atravesadas, en su gran mayoría, por el componente de la lucha de derechos civiles. Una de ellas, trata la disyuntiva sobre el interrupción del embarazo (aborto) bajo el título 'El dilema'. 

Otro de los textos de su autoría explica lo importante que es reivindicar las palabras dentro del activismo feminista por más duras o insultantes que estas sean para algunos oídos. En ese mismo sentido, profundiza en el sentido de las masculinidades al ahondar en el festejo de un gol de dos futbolistas al simular un beso en la boca. Esto lo hizo en el texto 'Masculinidades'. 

El último texto publicado en EXPRESO del que se tiene registro se titula 'Poderosa Afrodita'. En este recomienda la lectura de dos libros frente al boom que generó en su momento 'Las 50 sombras de Grey'. 

Como parte del legado periodístico de Silvia Buendía, EXPRESO recupera algunas de las columnas que la abogada, activista y comunicadora escribió para este Diario.

Poder de las palabras (17 de marzo del 2012)

Muchas personas me preguntaron esta semana por qué las mujeres que conforman colectivos feministas se llamaron a sí mismas putas y salieron a marchar bajo este nombre. Me dijeron que esa palabra es un insulto y que no se puede exigir respeto si ellas mismas se están irrespetando con ese término.

Es una táctica de resistencia y transgresión reivindicar aquella palabra que una vez fue un insulto y convertirla en una forma de identificación.

Por ejemplo, la palabra inglesa “queer” (raro, extraño), fue utilizada históricamente en el mundo anglosajón como burla hacia personas homosexuales.

Hace unos años las minorías sexuales decidieron usar esa misma palabra para autodenominarse, mostrando orgullo como respuesta a la homofobia. Hoy la teoría queer es un campo de estudio que abarca investigación, generación de información y producción cultural de las sexualidades no normativas.

Aterricemos este mismo fenómeno al caso ecuatoriano. En el año 2005 el presidente Lucio Gutiérrez llamó “unos cuantos forajidos” a quienes protestaban contra su gestión con el fin de descalificarlos. Pues bien, ese término alcanzó altísimos niveles de identidad y aceptación y hasta bautizó al movimiento que salió a las calles a pedir la salida del mandatario. Los manifestantes se autodenominaron forajidos.

A mucha honra. En su libro Devenir Perra, la filósofa española Itziar Ziga habla sobre cómo usar mecanismos de sabotaje sexual y lingüístico como estrategia de lucha feminista. En sus palabras “…muchas mujeres feministas nos calzamos el disfraz de puta (desarrollemos o no un trabajo sexual remunerado) como poderosa reapropiación del insulto. Como resistencia diaria a deshacernos de minifaldas y corsés para ser tomadas en serio”. 

El lenguaje es una herramienta poderosa para comunicar y cristalizar prácticas políticas que persiguen un cambio social. Cuando una mujer se apropia de una palabra ofensiva y se identifica orgullosamente con ella, ya nadie podrá agredirla desde ese término.

O, en palabras de Itziar Ziga: “Soy una puta, antes de que me lo escupa nadie ya lo he dicho yo”.

Masculinidades (5 de mayo del 2012)

En días pasados Christian Benítez le metió un gol al Puebla con un penalti y festejó la victoria con su compañero del América, Matías Vuoso, con un simulado beso en la boca. Inmediatamente, la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Fútbol criticó el beso y hasta anunció medidas para evitar este tipo de expresiones de afecto en la cancha. Esta noticia desató un debate internacional en la prensa y la opinión pública.

Mucho se dijo sobre lo inapropiado que es que dos hombres se besen en la boca en público. Siempre estoy escribiendo sobre mujeres y feminismo, pero valga la oportunidad de esta anécdota futbolística que nos regaló nuestro Chucho Benítez en México para hablar sobre masculinidades.

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La masculinidad es una categoría inestable, construida en el tiempo, y en el seno de la relación de poder de los hombres sobre las mujeres y de unos hombres con otros. Su significado, al igual que el de la femineidad, no ha variado al mismo ritmo que los cambios culturales, sociales o políticos. ¿Cómo entendemos lo que debe ser un hombre? ¿Cómo debe verse, actuar o sentir? Las respuestas a estas preguntas conforman la masculinidad hegemónica.

Es decir, la concepción dominante en cada sociedad del ideal normativo que inspira o sirve de referente a la mayoría sobre cómo debe ser un hombre.

En sociedades como la nuestra los hombres no lloran, no evidencian debilidad. Tampoco muestran sus sentimientos. Pero, sobre todo, los hombres no se demuestran afecto entre ellos: apenas se tocan dándose las manos o dándose abrazos que más parecen empujones. No se besan, ¡peor en la boca! Si lo hacen, no son dignos de llamarse hombres.

La masculinidad hegemónica estigmatiza otras formas de ser hombre y puede ahogar la posibilidad para otros colectivos masculinos de construir una identidad autoafirmativa.

En sociedades como la nuestra se pone el grito en el cielo por un beso entre hombres y se lo declara una inmoralidad; pero se es tremendamente tolerante con otras conductas masculinas como la irresponsabilidad paterna, la violencia contra las mujeres y la doble moral sexual.

El dilema (28 de julio de 2012)

La interrupción del embarazo es un tema sensible cuya discusión suele dividir a la sociedad. Nadie la puede recomendar comomecanismo idóneo para el control de la natalidad. Lo ideal sería evitarla y para eso es indispensable una educación sexual integral y profunda con amplia información en métodos anticonceptivos.

Sin embargo, la interrupción voluntaria del embarazo es parte de nuestra realidad social, se lleva a cabo en forma ilegal y es un importante problema de salud pública.

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Medir la dimensión de una práctica clandestina no es sencillo. Pero las estadísticas de nuestro sistema de salud referentes a morbilidad y muerte debido a abortos incompletos o mal realizados nos muestran que su penalización no ha tenido ningún efecto en reducirlos.

De hecho, es la razón para que existan. La mujer con medios suficientes paga un procedimiento seguro, la mujer pobre se arriesga a morir. El Estado lo sabe, pero- aún a costa de la vida y salud de las mujeres- sigue anclado en la idea de que la contravención del derecho es preferible a la modificación de un marco jurídico ineficiente e injusto. Ante un problema solemos elegir la solución que más nos satisface. Con el dilema en cambio, no hay solución, ninguna alternativa nos satisface. La interrupción del embarazo es un dilema; una decisión siempre dolorosa y extrema. Involucra la intimidad de la mujer y sus derechos a la libertad, la dignidad, la igualdad de género, la no discriminación y el acceso a la salud tanto física como síquica.

En Ecuador una mujer que toma esta decisión (y que no está incursa en las excepciones del art. 447 del Código Penal) se juega la vida y la libertad. El aborto clandestino no solo viola los derechos humanos de las mujeres, sino que es un gran negocio y un modo contundente de controlar el orden social.

No se puede debatir sobre este tema esgrimiendo descalificaciones y prejuicios, o apelando a mantener una moral confesional como norma penal. Es imperativo argumentar desde el rigor científico y los fundamentos jurídicos. Es imperativo dar la cara a las consecuencias de esta criminalización.

Poderosa afrodita (10 de noviembre del 2012)

Hace poco escribí un texto sobre 50 Sombras de Grey y literatura erótica para Gkillcity. En él decía que leyendo la trilogía de E. L. James -más de 40 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo- sobre este hermosísimo y desequilibrado hombre que gusta de establecer relaciones contractuales con mujeres sumisas para someterlas a sexo sádico, comprendí más que nunca por qué el sexo vende. Estos tres libros, que han creado un género llamado porno para mamás, son un fenómeno de ventas porque a todos nos gusta experimentar excitación sexual. Así de simple. Y quien diga que no, miente, o puede que tenga un serio problema con la culpa.

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Me parece muy bien que la literatura nos sirva también para sentir placer sexual. Pero me parece muy mal que para esto tengamos que perder tiempo y dinero leyendo libros tan mal escritos como este bestseller británico.

Así que me permito recomendarles, aquí y ahora, dos libros que he leído en los últimos días y que me han sobrecogido por su alto contenido sexual y su enorme calidad literaria.

El primero es Pedro Máximo y el círculo de tiza de Marcela Noriega. Una historia que se transforma en varias historias superpuestas, en un laberinto de personajes que confluyen en una inolvidable mujer llamada Piedad. Durante el tránsito de Piedad por sus diferentes edades leeremos episodios de un erotismo casi poético. Con este libro aprendemos que la vida es siempre una metáfora de la desgracia.

Y que nunca, no importa cuán lejos corramos, podremos escapar de ella. El segundo es Historia sucia de Guayaquil de Francisco Santana. Un libro de cuentos en el que la ciudad de Guayaquil comparte protagonismo con el negro Santana, narrador de todas las historias. Guayaquil es un personaje con olores, sabores, voz, temperamento. Un personaje pormomentos cruel, claustrofóbico, caótico, pero paradójicamente entrañable. Es un libro descaradamente pornográfico que narra cuentos que se complementan unos con otros y que dialogan entre sí.

No se priven del placer de leerlos, recuerden que Afrodita es una diosa poderosa que recompensa bien a sus devotos.

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