Quito

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Inundaciones. En las épocas de lluvia las alcantarillas se llenan de agua y se convierten en trampas para personas y autos.René Fraga y Karina Defas

El robo de rejillas, un ciclo sin fin en Quito

El material para proteger las alcantarillas es apetecido para su reventa y fundición. La capacidad de reposición ha sido superada por el faltante 

Es un escenario que se repite en diferentes zonas de Quito: huecos donde antes hubo rejillas y tapas de alcantarillas.

Y es un problema cada vez más grande. Basta con un pequeño recorrido para notarlo. Por ejemplo, en Chiryacu, por el antiguo camal en el sur de Quito, faltan cinco rejillas. En la Ferroviaria baja hay 8 alcantarillas sin sus tapas, mientras que en el barrio Las Tolas, al norte, faltan seis protecciones.

Según el subgerente de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento de Quito (Epmaps), Juan Esteban Espinoza, entre 2021 y 2022 se han repuesto 1.121 rejillas. Esto significó un gasto de 590.000 dólares en el primer año y de 98.000 dólares en lo que va del segundo.

Estamos cambiando la estrategia para manejar este problema. La idea es reducir los robos para evitar tanto gasto de reposición.

Juan Espinoza, subgerente de la Epmaps

Pero esa cifra del faltante no es absoluta. Fue elaborada sobre la base de las denuncias y el monitoreo al realizar la limpieza de las alcantarillas.

“A diario nos llegan entre 20 y 30 denuncias de estos robos. Antes, entre rotas y desaparecidas, teníamos máximo cinco por día”, admitió Espinoza.

Además, a la larga provoca un lío mayor: no hay stock. “El tiempo y recursos que toca destinar a esto podría servir para otras obras”, concluyó.

Lo llamativo, dice, es que las reposiciones no duran más de una semana. “Llega la denuncia, se vuelven a instalar las rejillas y unos días después vuelven a llamar porque se las llevaron de nuevo”, agregó.

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¿Para qué se roban las rejillas y las tapas de alcantarillas? El especialista en metalurgia, Robinzon López, dice que el metal puede ser fundido para elaborar diferentes productos, incluyendo las mismas rejillas. “El problema es que pueden, inclusive, hacer varillas para la construcción, pero al no ser del material recomendado por las normas de calidad puede salir un producto peligroso”, inició.

Lo ideal es analizar nuevos materiales para la elaboración de las rejillas y tapas. Además, deben fijarse en cómo se lo solucionó en otros países.

Robinzon López, especialista en el manejo de metales

Christian, un chatarrero que prefirió no dar su apellido, dijo que por ley ellos no pueden comprar esta clase de productos porque se exponen a la clausura del negocio y a una demanda. Según él, quienes roban las tapas y rejillas acuden, por lo general, directamente a las fundidoras de metal.

Para la Epmaps cada tapa cuesta cerca de 300 dólares, pero el metal es vendido como chatarra a 10 centavos cada libra. Es decir, los precios de las rejillas para volverlas a fundir van entre los seis y ocho dólares.

Al tanto de este problema, la Epmaps cambió el material. Las elaboran con hierro dúctil, que es más difícil de procesar. Aunque eso no ha frenado el hurto.

López recomienda probar con otros materiales, como plástico reciclado. Claro, eso significaría un gasto mayor, ya que primero deberían hacerse investigaciones para que el producto cumpla con las normas de seguridad.

Esta idea está sobre el escritorio de la Epmaps, pero cumplir con todo el proceso lleva su tiempo. No es factible en el corto plazo.

Mientras tanto, la ciudadanía busca la manera de aliviar este problema. Palos, llantas y hasta cintas de advertencia se ponen en los huecos para evitar que la gente se caiga.

Rocío Mejía, comerciante de la Ferroviaria Alta, pasó algunos sustos. Casi cae en uno de los huecos. “No piensan en el daño que nos hacen. Se llevan las tapas sin darse cuenta que afectan al bienestar del barrio”, protestó.

Por su parte, José Guevara, técnico en aluminio y vidrio, que también habita por la zona, reconoció que el esfuerzo que se hace no alcanza. “El robo es muy frecuente por acá. Ponen las tapas y al otro día ya no hay. Por eso, ahora los encargados vienen para hacer la limpieza y se van sin reponer tapas. Cuando caen las lluvias eso se tapa y todo se inunda”, lamentó.

Este problema, por ahora, es un ciclo sin fin. Las autoridades están buscando nuevos mecanismos, mientras tanto, tratan de refugiarse en la denuncia y respaldo ciudadano.

El peligro ya es parte de lo cotidiano

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Olvido. Algunas rejillas no son repuestas por tanto tiempo, que se llenan de basura y la tierra arrastrada por el agua.René Fraga y Karina Defas

Déficit

Las cuadrillas pueden reponer hasta cuatro rejillas diarias. El número queda corto con relación al faltante (20-30).

El material para proteger las alcantarillas es apetecido para su reventa y fundición. La capacidad de reposición ha sido superada por el faltante

Hay tres denunciados

Las cámaras de seguridad detectaron el modo de obrar de quienes se llevan las alcantarillas. Lo hacen, generalmente, en dos pasos. En el primero solo se dedican a romper las seguridades de las rejillas. En el segundo, al siguiente día, pasan en camionetas y en menos de un minuto desmontan la rejilla y se la llevan. La Epmaps, gracias a un trabajo conjunto con la ciudadanía, identificó a tres personas y puso una denuncia en la Fiscalía. Es la primera vez que se lleva este problema a los juzgados. El objetivo es frenar el robo para evitar el constante sangrado de dinero para las reposiciones.

Autos, daño colateral

Los autos también pueden salir afectados. Con las lluvias, los huecos se inundan y los choferes no se percatan de la falta de rejillas o tapas y caen. Según el mecánico Luis Jara pueden presentarse varios problemas, dependiendo de la velocidad y el tamaño del carro. Mientras más rápido se desplaza y más pequeño es el vehículo habrá un efecto mayor.

Entre la lista menciona: falla en la mesa de la suspensión y la mesa inferior, torcedura del amortiguador, daño en el eje y la junta homocinética, torcedura del compacto o rotura del cárter, daño en el terminal y axial de la dirección, además de torcedura de los aros y explosión de las llantas. “Es un gran problema porque entre los repuestos y la mano de obra (120 dólares) los dueños gastarán una cantidad considerable de dinero, sin tener la culpa de lo sucedido”, indicó.