Quito

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Uniforme. En ambas peluquerías sus barberos utilizan mandiles blancos, como en la época colonial solían usar los profesionales del cabello.Angelo Chamba

Peluquerías con tradición

En dos locales que se ubican en el Centro Histórico de la ciudad, sus propietarios mantienen características de hace décadas.

Llegar a cortarse el cabello en sillas de los años 80 y 90 pareciera algo imposible en pleno 2022, pero no es así. Aquello es posible en el Centro Histórico de la ciudad. En los alrededores de la Plaza de la Independencia se ubican dos peluquerías muy tradicionales, que guardan la esencia de los años donde la era moderna aún era una fantasía.

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En el Pasaje Amador, en la calle Venezuela y Sucre, se ubica la Peluquería Quito, en un local de no más de 30 metros cuadrados. Luis Armijos es su actual propietario con 67 años. Accedió a conversar con EXPRESO y contó que el año 92 se convirtió en su dueño por “cosas que se presentaron” y recibió el local de su entonces dueño (Gonzalo Muñoz). “Inicié aquí cuando tenía 24 años y aprendí en Loja, gracias a mi padre, el oficio de peluquero”, dice.

Han pasado 30 años desde que está en su poder el local y aún conserva los sillones donde corta el cabello y algunos utilitarios. ¿Por qué? “Es la esencia de nuestro local. Los sillones fueron realizados aquí, aunque en la época ya había los importados. Aquí vienen nuestros clientes hace muchos años, ya los conozco. Claro, el no actualizarnos podría verse como algo perjudicial, pero no. Tenemos familias que siguen con esta tradición de cortarse el cabello aquí”, contó. El corte de cabello cuesta $ 3,50 y usan técnicas tradicionales, explica el propietario.

“En las barberías ahora los peluqueros usan los dedos. Nosotros usamos la máquina y una peinilla. Quizá por eso nos siguen buscando los clientes”, agregó don Luis.

A pocos metros está otra peluquería con tintes tradicionales, Peluquería Amazonas. Esta se ubica justo debajo del Palacio Presidencial. A su ingreso llama la atención el uniforme muy formal que usan sus trabajadores y el mandil blanco, propio de dichos profesionales en la época colonial. Clara Salazar es su actual propietaria. Heredó el negocio de su padre Alfredo Salazar (+) hace 10 años, pero la peluquería como tal tiene alrededor de 70 años de existencia.

Al interior del establecimiento es como si los años no han pasado, como si el tiempo se detuvo. A los clientes se los atiende con una calidez singular. La tecnología no es basta, pero eso no importa, hay una pequeña grabadora que reproduce canciones de antaño que armonizan el ambiente del espacio.

“Hemos pasado muchas anécdotas, muchas cosas positivas y negativas. En medio de todo, hemos sido testigos en silencio de todo lo que ha ocurrido en el palacio. Aquí han pasado muchos presidentes, ministros, músicos, de todo un poco”, relata Clara.

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Resistencia a mantenerse a través del paso de los años. Clara cuenta que sí ha pensado en renovar el local, sus herramientas, pero por una promesa a su padre no lo hará.

“Una vez conversé con mi padre y él dijo que quería que se mantenga la tradición, porque a los turistas les atrae eso”. A cortarse el cabello a este centro de belleza llegan de todo un poco : hombres, mujeres, niños.

No obstante, los hombres mayores son lo que más acuden. E incluso han venido hasta con sus bisnietos.

Esta peluquería no necesita publicidad ni promocionarse en redes sociales, comenta su dueña. El simple hecho de ubicarse debajo del Palacio de Gobierno llama la atención de los turistas que, a más de cortar su cabello, buscan tener una fotografía en este espacio que atesora un pedazo del tiempo antaño.

No obstante, las situaciones políticas del país sí le pasan factura. Al ubicarse junto al Palacio Presidencial, la obliga a ser un afectado colateral en días de manifestaciones, porque el cierre con vallas metálicas y hasta uniformados de la Policía impiden que los turistas o clientes pasen por el local. En días de protestas tensos ni siquiera se abre el local por seguridad. La historia en Gobiernos pasados ya ha dejado antecedentes.