Carolina: “La violencia machista no se ve en la cara ni en la ropa”

  Quito

Carolina: “La violencia machista no se ve en la cara ni en la ropa”

Los testimonios son interminables en el ámbito de pareja, laboral, entre otros Las agresiones van más allá del estatus social, educación o demografía

FABIOLA QUINTANA (7352315)
Agresiones. El 42 % de las mujeres en Ecuador han experimentado violencia en el ámbito de pareja, a esto le sigue el 32,6 % en el aspecto social.HENRY LAPO

A sus 24 años, Carolina López no vio otra opción que cambiarse de casa, luego de meses de ser perseguida por su expareja, que no podía aceptar que ella hubiera decidido no estar con él.

El punto de quiebre fue cuando en una conversación él le dijo: “Te voy a matar”. Y pese a que ella lo describe como mentiroso y manipulador, ya que era capaz de convencer al guardia de que lo dejara pasar a su edificio pese a que había una orden expresa que dictaba lo contrario, esta vez le creyó.

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Inmediatamente Carolina llamó a cinco personas (por seguridad) y al poco tiempo logró que su agresor no apareciera nuevamente. Atribuye este accionar al “privilegio” que ella tenía de estudiar antropología y de haber participado en colectivos activistas desde los 15 años. “La violencia machista se ve en actitudes que puedes identificar a diario, desde cómo te habla tu pareja hasta cómo asumes frases como ‘Ah, es que tú provocas’”, explica.

No obstante, para María Fernanda López, doctora en Teorías de la Cultura, este supuesto privilegio no previene que ninguna mujer sufra episodios de violencia. “El tema de los privilegios es un estigma. Yo tengo un doctorado y aun así he sufrido violencia machista. Tuve que ‘funar’ a mi expareja que en la pandemia acosó a mi hija”.

La profesional señala que la violencia se da en distintos niveles sociales, incluso en los más altos, “donde los niños también sufren maltratos”. Y responsabiliza a la sociedad entera sobre las conductas violentas que desarrollan hombres y mujeres. López sostiene que los niños “son hijos de todos”, porque se van formando en el mundo a partir de las interacciones con el resto.

Su versión coincide con las cifras más recientes (a 2019) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), que reflejan una diferencia de 3 puntos en el porcentaje de mujeres que experimentan violencia en el ámbito rural o urbano.

En el caso del origen étnico, hay una variación que no supera los seis puntos porcentuales. Las afrodescendientes son las mujeres que más violencia experimentan con un 71,8 %, mientras que el 58,4 % de las montuvias dijeron haber experimentado agresiones.

Los ámbitos en los que las mujeres experimentan violencia también son variados. Alejandra tenía uno de los prospectos más prometedores en su empresa. Su jefe le había dicho que después de un año de trabajo le revisarían el sueldo y que seguramente habría un aumento. Tres meses antes de cumplirse el plazo, ella comunicó a la empresa que estaba embarazada, pero cuando se cumplió el año su superior le dijo: “Ahora vas a tener una actividad mucho más valiosa y representativa, que es ser mamá”, recuerda. Su revisión de sueldo tendrá que esperar hasta luego del periodo de lactancia, es decir 12 meses más.

Y es que el 20,1 % de mujeres han experimentado violencia en el ambiente laboral, ya sea porque ganan alrededor de 100 dólares menos en promedio que los hombres, o porque deben experimentar situaciones vergonzosas, como cuando un compañero de trabajo le dijo a Ericka Sánchez “déjate llevar” (frase usada como forma de interacción con intenciones sexuales) en la cafetería de su empresa, o cuando tomó una siesta en el transporte empresarial y se despertó cuando uno de sus colegas la acariciaba para luego insinuarse. “Ni siquiera recuerdo qué le dije por el shock que me causó”.

Otros aspectos como la violencia educativa o la familiar se dan “porque esas mujeres no pueden salir a las calles porque están cuidando hijos, porque las mujeres todavía están relegadas al espacio privado”, argumenta López.

Para Carolina, la violencia no tiene cara ni contexto específico, sino que se da, y lo mejor es saber qué hacer. Ella coincide con la experta en que la solución está en una educación integral que pueda alejar a las nuevas generaciones de la violencia de género y provea tanto a hombres como mujeres las herramientas para identificar un comportamiento violento a tiempo.

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