Quito

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Las piedras en la zanja de la Manuel Córdova Galarza la vuelven una zona peligrosa.JOSÉ LÓPEZ

Las calles abiertas son el nuevo paisaje de Pusuquí

Los habitantes del sector lamentan el poco avance de la obra y algunos presentan problemas respiratorios. Ya se han registrado accidentes de tránsito

El polvo se volvió un compañero más en Pusuquí, al norte de Quito. Las nubes de tierra, que se levantan con el viento, se impregnan en la ropa de las personas e inclusive en sus cabezas, al punto que caminar por ahí ya se ha vuelto fastidioso.

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Y no solo es problema para quienes van a pie. Los que están en auto deben permanecer muy atentos porque es común que los vecinos resbalen entre las piedras pequeñas y caigan. Prácticamente, deben ir con el freno listo. Y, cuando salen a la Manuel Córdova Galarza deben prestar más atención, ya que los huecos son tan peligrosos que ya han generado dos accidentes de tránsito en las últimas dos semanas. Todo, porque las calles fueron abiertas para realizar obras y hasta el momento no les aplican la capa de asfalto.

Hace aproximadamente tres meses empezó a socializarse un plan para el cambio de tubería. El proyecto de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento de Quito (Epmaps) era poner las piezas de PVC en prácticamente toda la zona. Son más de dos kilómetros entre todas las avenidas y pasajes.

Para ello sacaron el asfalto de una parte del camino y pusieron, de forma paralela, los nuevos tubos. En primera instancia la obra avanzó, pero empezaron problemas que pudieron prevenirse. No había las piezas necesarias para hacer las interconexiones a las casas, por lo que no pudieron continuar.

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Las vías aledañas al parque de Pusuquí son las que más daño sufrieron.JOSÉ LÓPEZ

“Hemos conversado con los encargados de la obra, nos dan cronogramas de sus actividades, pero no se cumplen. Hacen pequeñas cosas por ciertas calles, pero el global no avanza”, lamentó Adriana Carlosama, quien se ha puesto al frente del reclamo de los habitantes de la zona.

Desde la Epmaps aceptaron el escenario. Aclararon que se está realizando el cambio de tubería de asbesto-PVC y que todavía no se repone el asfalto porque, además, se harán las interconexiones de la red nueva de PVC a las líneas de distribución para habilitar el servicio del sistema por estrenar.

Al momento, agregaron, las zanjas están rellenadas a nivel de vía con material de sub base compactado.

Pero la realidad muestra que no están al mismo nivel. De hecho, las zanjas son cada vez más grandes y han generado problemas. Hay choques.

“No debieron iniciar la obra si no tenían las piezas listas para las instalaciones. Ahora solo han generado molestias. Ni el Comité Promejoras asoma para darnos una mano”, lamentó Robinson Ruiz, quien vive en una de las casas afectadas.

Por su parte, Fabián Ortiz asegura que la zona se ve desordenada y que el tráfico es peor, sobre todo en las horas pico. “El polvo es cosa seria. No podemos seguir así”, insistió.

No hay una fecha exacta para el final de las obras, aunque la Epmaps dice que tardarán 40 días. Por lo tanto, seguirán viviendo entre el polvo. “La gente está presentando problemas respiratorios”, aclaró Carlosama.

Pero si llueve será peor. Según Ortiz, el agua se llevará toda la tierra y podría transformar las zanjas en verdaderas trampas para personas y autos.

Primero rompieron las calles y se levantó tremenda polvareda. Después dejaron huecos en algunas partes y en otras solo taparon, pero con lo que los carros pasan se va esa tierra. Con este clima se levanta la tierra y se hacen nubes de polvo y hay vecinos que se enferman de gripe. El polvo ingresa a las casas, los muebles están llenos de suciedad. Es terrible, toca estar mojando a cada rato

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