Entre plegarias y cánticos los pescadores de Ballenita bañaron la cruz
Entre plegarias y cánticos los pescadores de Ballenita bañaron la cruzJOFFRE LINO

La Cruz en el mar revive la fe

El ´Baño de la Cruz´ un rito que no solo es tradición, sino memoria, promesa y reconciliación con Dios

Aunque el sol estuvo implacable sobre la península, nada logró detener a los miles de devotos que, como cada Martes Santo, acudieron al tradicional “Baño de la Cruz” en las aguas del balneario de Ballenita, en la provincia de Santa Elena. La fe, más fuerte que el calor, marcó el paso de una jornada cargada de simbolismo, recogimiento y tradición.

Desde muy temprano, peregrinos de distintos rincones del país se sumaron a esta manifestación religiosa única. Entre ellos estuvo la guayaquileña Glenda Ortíz, quien participó por primera vez en el rito.

Ortíz, cubierta con un buzo, gorra y gafas para protegerse del sol, avanzó impulsada por una convicción profunda. “Este es el único lugar donde se baña la cruz en el Ecuador; es como si Juan el Bautista bautizara a todos quienes acompañamos”, expresó emocionada la mujer de 57 años, quien confesó que durante años anheló asistir, pero diversas circunstancias se lo impidieron.

La cruz de guayacán, resguardada durante el año en la catedral de Santa Elena, es el símbolo central de esta tradición. Solo en esta fecha es retirada para ser conducida en procesión por el grupo religioso de los Santos Varones hasta el balneario de Ballenita, donde es entregada a los pescadores.

Son los artesanos quienes, con respeto y solemnidad, la internan en el mar, como parte de un rito que mezcla la devoción cristiana con la identidad de un pueblo ligado al océano, “gracias por la pesca que nos regalas todos los días padre santo”, escuchó entre la multitud.

El rito que cumplen los devotos para lavar sus culpas en el mar
El rito que cumplen los devotos para lavar sus culpas en el marJOFFRE LINO

El recorrido, de aproximadamente cinco kilómetros, une a la capital provincial con el balneario. A lo largo del trayecto, los fieles avanzan lentamente sobre el asfalto ardiente, entonando cánticos y elevando oraciones.

En cada paso se revive el viacrucis de Jesús, en una caminata que se convierte en acto de penitencia y renovación espiritual. Con el paso de las horas, más personas se suman, formando una multitud que camina al ritmo de la fe.

“Llevo quince años acudiendo al Baño de la Cruz; es una promesa que hice a mi padre antes de que falleciera. Yo venía con él”, relató el pescador Juan Borbor, mientras avanzaba entre la multitud.

Ya en Ballenita, el momento más esperado se consuma. La cruz es sumergida en el mar en tres ocasiones, en medio de gritos, lágrimas y plegarias. Los asistentes piden perdón por sus faltas, convencidos de que el agua purifica el alma.

La escena es profundamente conmovedora: quienes no pueden cargar la cruz llevan sus propios crucifijos, que también son bañados en el mar como símbolo de fe y redención, “protégenos siempre, padre, nunca me abandones”, le pidió el pescador Carlos Gonzabay.

En Olón también bañaron cruces

En el balneario de Olón, los devotos bañaron varias cruces
En el balneario de Olón, los devotos bañaron varias crucesJOFFRE LINO

Este año, la tradición encontró eco también en el balneario de Olón, al norte de la provincia. Allí, por iniciativa de grupos católicos locales, decenas de feligreses replicaron el rito en horas de la tarde del Martes Santo, reafirmando que la fe, como el mar, no conoce límites y se expande de generación en generación.

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