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Diario Expreso Ecuador

Una mirada al sur

Keiko Fujimori por cuarta vez pasa a la segunda vuelta electoral. Se repite el escenario político, pero Perú mantiene su crecimiento económico pese al caos

Es la cuarta vez que Keiko Fujimori pasa a segunda vuelta electoral en Perú. En las tres ocasiones anteriores perdió, por eso ganar el segundo lugar podría terminar siendo la antesala del poder.

Es la cuarta vez que Keiko Fujimori pasa a segunda vuelta electoral en Perú. En las tres ocasiones anteriores perdió, por eso ganar el segundo lugar podría terminar siendo la antesala del poder.Renato Pajuelo / EFE

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Mientras nos concentramos en la pelea arancelaria con Colombia y las diatribas petristas acaparan la atención, nuestro vecino del sur ha acudido a las urnas. Un país que no deja de sorprender por su crecimiento económico sostenido en medio del caos político que ha experimentado en los últimos años. Perú llega a esta nueva elección presidencial tras una década convulsa, con una sucesión de mandatarios, destituciones, renuncias, crisis institucionales y escándalos de corrupción.

Nueve presidentes en 10 años

La rotación presidencial en el Perú es una expresión elocuente de su inestabilidad política. Pedro Pablo Kuczynski ganó en 2016 y renunció en 2018 acosado por el caso Odebrecht. Lo reemplazó Martín Vizcarra, luego vacado por el Congreso en 2020. Le siguió Manuel Merino, cuyo brevísimo paso por el poder terminó en protestas y su caída. Francisco Sagasti asumió la transición. En 2021 fue electo Pedro Castillo, quien terminó destituido y detenido tras su fallido intento de disolver el Congreso. Lo sustituyó Dina Boluarte, quien fuera removida por el Congreso, aupando a José Jerí, presidente del Parlamento. Este a su vez fue pronto reemplazado por José Balcázar. En medio de ese desfile, Perú llegó ahora a elegir a su noveno presidente en diez años. Ese dato, por sí solo, retrata la magnitud del desorden político.

Pero si algo llama la atención en esta elección es la sensación de repetición. Como si la política peruana estuviera atrapada en un bucle, Keiko Fujimori, la eterna candidata, vuelve a aparecer en la escena principal. Los resultados iniciales la colocaron, por cuarta vez consecutiva, en la papeleta para disputar la segunda vuelta, una vez más con un rival todavía en definición. Como ya ha ocurrido antes, se instala en el balotaje y espera al advenedizo de turno, quien termina capitalizando el rechazo acumulado.

Votación atomizada

El fujimorismo conserva un piso propio, una identidad reconocible y una memoria política que no desaparece. Alberto Fujimori fue el gran artífice del Perú contemporáneo. Encarriló una economía devastada por la hiperinflación, promovió privatizaciones, atrajo inversión y sentó bases que todavía hoy explican el crecimiento de la economía peruana. Su legado está profundamente arraigado en su historia y resulta imposible negar que el Perú económicamente más robusto de las últimas décadas nació de aquella reestructuración. Keiko encarna la promesa de continuidad de ese legado, con todo lo que ello significa para sus adherentes y detractores.

Del otro lado vuelve a perfilarse el fenómeno del advenedizo. El segundo lugar se ha disputado voto a voto entre candidatos de perfiles muy distintos, entre ellos Rafael López Aliaga, Jorge Nieto Montesinos, Roberto Sánchez, Ricardo Belmont y otros aspirantes que han oscilado según el conteo, con diferencias mínimas, en medio de una extrema fragmentación de una elección con 35 candidatos. López Aliaga encarna una derecha dura, conservadora y polarizante. Nieto que representa una izquierda moderada y Sánchez que representa una izquierda cercana al universo castillista y ha llegado a prometer el indulto de Pedro Castillo. Belmont, en cambio, ha reaparecido como un viejo conocido reciclado antisistema. Rutas distintas. Ganar el segundo lugar podría terminar siendo la antesala del poder.

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