José Hernández | El lado oscuro de la fuerza carece de límites

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Desde que llegó a Carondelet se supo que Daniel Noboa tenía especial aversión por los grandes medios de comunicación

El noboísmo optimiza hasta el paroxismo al correísmo. El ejemplo más manifiesto es el intento que está haciendo la Superintendencia de Compañías por expropiar, en los hechos, el 40% de las acciones de GRANASA; compañía editora de los diarios EXPRESO y EXTRA.

La jugada es burda: esa superintendencia informó no haber encontrado la trazabilidad (es el término que usa) del traspaso, en febrero de 2020, de esas acciones de Veranera a Ingrid Martínez Leisker, y dispone que sean devueltas a esa empresa, que está en proceso de liquidación.

La jugada también es ilegal, como lo hizo notar Eduardo Carmigniani, procurador judicial de GRANASA, en su respuesta a la superintendencia. Le dice que modificó el Registro de Sociedades y pretende que el representante legal de GRANASA adultere el libro de accionistas, que es el único instrumento legal que acredita la propiedad de las acciones de una compañía anónima. Una movida torcida para robarse el 40% de acciones, meterse a la fuerza en los directorios de esos medios y tratar de modificar su línea editorial e informativa.

Rafael Correa intentó algo parecido: quiso apropiarse de El Universo y lo demandó por 80 millones de dólares (eso valía ese diario) por la columna “No a las mentiras” de Emilio Palacios sobre la revuelta policial del 30-S, en septiembre de 2010. Eso se llama tener los ojos más grandes que el estómago, y la maniobra no le resultó.

Desde que llegó a Carondelet se supo que Daniel Noboa tenía especial aversión por los grandes medios de comunicación. En su entorno se decía que eran antipatías atávicas, predilección por las redes sociales y vivo deseo de mantener una comunicación directa con sus audiencias.

En definitiva, y en consonancia con Rafael Correa, iba usar el poder del Estado para imponer su relato. Sus asesores admitían que esa visión podía ser cuestionable, pero buscaron venderla como una forma franca de competir con los profesionales de la información.

Su mistificación duró poco. Noboa, para ampliar su margen de maniobra e impunidad, fomentó el miedo del retorno de Correa. Formó un imperio comunicacional. Dejó a los medios independientes sin publicidad oficial. Creó agencias de desinformación disfrazadas de medios. Compró influencers, medios, falsos periodistas y verdaderos politiqueros vanidosos y con hambres atrasadas. En el último año amenazó a grandes medios con retirar licencias o frecuencias. Doblegó algunos y aquellos que han resistido, como EXPRESO, los ha sometido a sus tentaciones más siniestras.

En ese punto, la relación de Daniel Noboa con los medios independientes ya nada tienen que ver con la disputa por un relato. Con Correa sucedió lo mismo y por eso en los últimos años de su gobierno apareció, cual cotorra con púlpito, planteando una guerra por la verdad. Su versión no pedía ser cuestionada ni corroborada: era la verdad, la única posible. El ámbito público mutó en catedral socialista y él en pontífice infalible.

Bajo esta perspectiva que comparten Correa y Noboa, no solo sobra el verdadero periodismo y se requieren más devotos. También sobran las leyes, las instituciones, la separación de poderes, los organismos de control, los jueces y funcionarios probos, la batalla por los valores, las ideas democráticas, los modelos políticos..., y hasta la política.

Lo terrible para el país no es que Noboa prescinda de la prensa independiente, como hizo Correa en su momento. Es comprobar que la persigue, como hace con EXPRESO, porque sus investigaciones revelan la ineficiencia de su gobierno, los manejos turbios, la corrupción y el encubrimiento de personajes involucrados hasta con el crimen organizado. En apenas dos años de noboísmo el país está igual o (en algunos casos) peor que en diez de correísmo.

Las elites (así llamadas) que rehusaron analizar las señales inquietantes emitidas desde el inicio por Noboa e insistieron en cerrar los ojos, siguen pasmadas. Ahora también ignoran este intento obsceno y facho de pretender callar un medio valiente y democrático, robándole 40% de sus acciones. Y esto, después de haber forjado en su contra demandas por evasión tributaria y lavado de activos. Es claro: el lado oscuro de la fuerza carece de límites.