Opinión

#NosSiguenFaltandoLosTres

-¿En verdad hay 8 grupos irregulares operando en la frontera norte? -“Sí, y eso incluye presencia de carteles mexicanos. El que no está muy presente es el Estado: no hay infraestructura que combata la pobreza del sector”.

Quien me contesta es Nathan Jaccard, uno de los periodistas colombianos (también hay ecuatorianos) que se resistieron a creer las mentiras oficiales y siguieron la noticia. Y esta no puede quedar callada: han pasado más de 7 meses desde que un comando narco asesinara al equipo periodístico de El Comercio en Tumaco, Colombia.

El trabajo de los 19 periodistas se llama Frontera Cautiva; fue difundido hace dos semanas por medios de América, Europa y África, y replicado por 5 portales de Ecuador. ¿Y los demás para cuándo?

El reportaje muestra que el “diálogo” entre Guacho, líder de la banda asesina, y la Policía era de vieja data y consistía, básicamente, en lanzar amenazas que luego se volvían atentados. O sea que cuando Guacho lo secuestró, las autoridades intuían el final de la historia. Suena entonces incomprensible que se hayan hecho eco de la supuesta liberación del equipo. O que dieran por ciertas las heridas graves de Guacho en una refriega de hace dos meses.

De las autoridades nada espero. Su respuesta ha sido convertir a la zona en la frontera más militarizada de Sudamérica. Ahí se les acaba el entendimiento. Por eso contestan cualquier cosa que deje a buen recaudo su labor, es decir, su sistémica ineptitud. El problema narcofronterizo les pasa por arriba y no tienen idea de cómo enfrentarlo. Su táctica es la opacidad; su estrategia es el silencio.

Contra eso, 19 periodistas se han rebelado. Hay que protegerlos volviendo su voz común, persistente, viva. Hay que respaldarlos para que la crítica de Guilherme Canela, consejero de la Unesco, no sea dolorosamente cierta: “A un periodista lo matan y es noticia dos días, después incluso a ellos se les olvida”.

Hay que multiplicar a los 19 para que la muerte de “los tres” no quede como los indolentes quieren: tapada por el manto de la impunidad y del olvido.