Editoriales

Tarde, mal y nunca

No había necesidad de generar confusión -y, en el peor de los casos, hasta apariencia de irregularidad- si todos estos impasses se hubiesen resuelto a tiempo y sin enlodar el ya enrevesado horizonte presidencial.

Si llega tarde, la Justicia puede crear más problemas de los que pretende resolver. La máxima que afea en el mundo del Derecho a la justicia tardía, se aplica con especial actualidad esta semana en el mundo electoral.

Las decisiones del Tribunal Contencioso Electoral y la matización del Consejo Nacional Electoral sobre los efectos de la misma han bamboleado en los últimos días a los votantes, los ciudadanos y un candidato que no termina de renunciar a sus aspiraciones políticas. El TCE rescató del descarte a un aspirante a Carondelet que dos veces desechó ir por la carrera presidencial y el CNE enterró esa posibilidad aludiendo a procesos incumplidos. Más allá de consideraciones sobre la decisión de uno y otro, es la oportunidad del momento la que desacredita a todo el sistema electoral.

Si ya desde hace un año, hay señalamientos documentados contra movimientos, organizaciones, candidatos o cualquier otro actor político-electoral, no se entiende que se haya postergado cualquier decisión hasta rozar o invadir los tiempos electorales. No había necesidad de generar confusión -y, en el peor de los casos, hasta apariencia de irregularidad- si todos estos impasses se hubiesen resuelto a tiempo y sin enlodar el ya enrevesado horizonte presidencial.