Editoriales

Revivir al moribundo

"Urge una intervención en el centro de Guayaquil que rehabilite tantas edificaciones que bien pueden suplir el déficit de vivienda"

La pandemia también ha acelerado la agonía del centro de la ciudad. El languidecer del otrora corazón de la urbe avanza sin tregua. De bulevar de encuentro de la sociedad porteña, la av. 9 de Octubre, eje de la zona, ha pasado a convertirse, en un tramo considerable, en mercado de electrodomésticos. No hay restaurantes con mesas en las veredas donde disfrutar por lo menos de un café, aunque la nueva ordenanza lo permite. Tampoco ninguna actividad cultural que se lleve a cabo con los controles de bioseguridad necesarios. Salvo esfuerzos privados aislados, el centro se apaga. De lunes a viernes el comercio mantiene la vida artificial del moribundo casco urbano, pero los fines de semana, y sobre todo los domingos, reina la desolación. Barrios fantasmas, con edificios vacíos o convertidos en bodegas, oficinas o consultorios, que acogen cada vez menos familias, constituyen la escena que se repite cuadra tras cuadra.

Urge una intervención en el centro de Guayaquil que rehabilite tantas edificaciones que bien pueden suplir el déficit de vivienda, frenando una innecesaria expansión de los límites urbanos, y reviviendo el sector, dotándola de todos los servicios requeridos para la vida cotidiana, de modo que quienes residan allí los tengan a su alcance a pocos pasos de distancia.