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Roberto Aguilar | Por unas Fuerzas Armadas sin gorilas

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Es el más horrendo de los crímenes de Estado que le ha tocado presenciar en mucho tiempo a este país

El 8 de diciembre de 2024, 16 militares de la Fuerza Aérea, prevalidos de un sentimiento de impunidad que no pudo sino ser inculcado por sus superiores (y que después fue socapado por ellos), secuestraron a Josué, Ismael, Steven y Nehemías, los cuatro niños de Las Malvinas; los llevaron a un descampado a 40 kilómetros de sus casas, los torturaron y los abandonaron, desnudos y ensangrentados, en el exacto lugar donde, minutos más tarde, los recogieron los mafiosos que los buscaban para matarlos. Es el más horrendo de los crímenes de Estado que le ha tocado presenciar en mucho tiempo a este país pródigo en atrocidades. Los criminales ya fueron sentenciados por la justicia penal. Esta semana, la Corte Constitucional responsabilizó a las Fuerzas Armadas de “desaparición forzada”, impuso una indemnización económica entre otras medidas de reparación y mandó al comandante de la FAE a pedir perdón en acto público.

No tardaron los ‘cheerleaders’ del Gobierno, sus trolls y sus periodistas (con todas las vergonzosas implicaciones que tiene el posesivo), en acusar a la Corte de tener intenciones golpistas: de apuntar a tumbar al presidente mediante juicio político. La desaparición forzada de personas, en efecto, es causal de destitución de un mandatario. Y resulta poco menos que revulsivo que a los cheerleaders les preocupe menos tener un gobierno que desaparezca niños (pues lo hizo, eso no está en discusión) que una Corte capaz de decirlo con todas sus letras. Una mezquindad intolerable que no se conmueve ni con el infanticidio, antes bien, lo aprovecha para agitar fantasmas. Porque, ¿acaso alguien puede creer seriamente que una Asamblea controlada por el partido de gobierno y presidida por un obsecuente servidor del mandatario dará un solo paso en su contra, cuando ni siquiera fue capaz de permitir la fiscalización del ministro responsable?

Porque la cobardía de la Asamblea de Niels Olsen dejó esta atrocidad sin responsables políticos. Gian Carlo Loffredo salió impune. Él, que no sólo ocultó lo que sabía del crimen sino que prodigó pistas falsas para confundir a la opinión pública, llegó a la bajeza moral de ensuciar la reputación de las víctimas para lavar la cara de sus gorilas y perpetró el exceso (propio de las peores dictaduras) de aparecer en cadena nacional, rodeado de militares, para amenazar a la jueza que había declarado la desaparición forzada de los niños… Ahí sigue, ejerciendo su cargo como si nada, para vergüenza del Gobierno y del país entero.

Este viernes, esa Asamblea de sinvergüenzas se reunirá para ejecutar la parte que le compete de la sentencia de la Corte Constitucional: declarar oficialmente el 8 de diciembre como fecha conmemorativa, no ya del bizcocho o de los servidores públicos, como les gusta a ellos, sino del crimen de Estado cometido por su gobierno contra cuatro chicos indefensos. Habrá que ver qué cara de circunstancia ponen Niels Olsen y los otros para fingir que les interesa y hasta les conmueve, que de verdad creen justo conmemorar esta atrocidad en cuyo encubrimiento político participaron sin asco. Ojalá, por lo menos, tengan la decencia de cerrar la boca.