Rubén Montoya Vega | El nuevo Ecuador, envejecido
El país recicla sus vicios. No avanza. Lo peor no es que se niegue a ver su decrepitud: es que lo justifica
Como si su destino fuese dispararse en los pies, el país recicla sus vicios. No avanza. Lo peor no es que se niegue a ver su decrepitud: es que lo justifica.
Mentiroso es el nuevo viejo Ecuador. ¿Cuál es la diferencia entre funcionarios que debiendo ser autónomos no lo son? ¿No es igual de mala la injerencia del presidente Rafael Correa en la Fiscalía dirigida por Galo Chiriboga (su exembajador y ministro) que la que permitió Diana Salazar, la fiscal premiada con una embajada por sus genuflexos servicios al gobierno actual? ¿Cuál es la vara moral de los que rabiaban por lo uno y aplauden lo otro?
Manipulador es el nuevo viejo Ecuador. ¿Cuál es la diferencia entre un presidente que usó las sabatinas para decir a los jueces por dónde debían ir sus sentencias (recordemos apenas dos casos: César Carrión, director del hospital policial en el 30-S, y la Comisión Anticorrupción demandada por Carlos Pólit, su muchacho de mandados, perdón, su contralor) y uno que llama “alcalde criminal” a quien está siendo procesado? ¿Cuál es la diferencia entre una sentencia anticipada y la otra? ¿Cuál?
¿Cuál existe entre quien bendijo a Gustavo Jalkh en el Consejo de la Judicatura, un exministro que dirigió la selección de jueces, en tiempos en que la lista de aspirantes se resaltaba en verde o rojo para avisar quiénes eran afines o no, y el que impuso allí a Damián Larco, un estudiante de Derecho y su exempleado en el SRI? ¿Cuál?
Desvergonzado es el nuevo viejo Ecuador. ¿Cuál es la diferencia entre el que agasajaba al primo falsificador -Pedro Delgado creo que se llama, no lo sé, yo no lo conozco- y luego lo deja fugarse, y uno que justifica la presencia de un Porsche de su grupo empresarial en el mismo sitio suburbano donde se detuvo al presunto autor de un atentado en La Bahía? “El vehículo la empresa se lo prestó a una empleada para que atienda una emergencia médica. Y no es un carro de lujo, como se ha querido presentar”, justificaron. Porque, como se sabe, en el nuevo viejo Ecuador una empleada es Dios, y un Porsche es un Aveo vulgar.
Mentiroso y desvergonzado, el nuevo Ecuador envejeció de golpe. Le pregunto: ¿es el mismo o es peor?