Florencio Compte Guerrero | Toque de queda y control social
¿Qué efectos reales habrá sobre la violencia actual que vive el Ecuador?
La historia nos remite a la Edad Media para conocer cual fue el inicio del toque de queda como herramienta de control social. Este se refiere a una regulación que restringe a una población o a un sector de ella a estar fuera de sus hogares más allá de una determinada hora y generalmente hasta el amanecer.
Se conoce que, desde el siglo XIV, se usaba “el sonido de una campana al atardecer” para alertar a los pobladores de una ciudad de que debían cubrir sus hogueras durante la noche con el fin de evitar un incendio. Desde esa época, hasta la actualidad, ha ido evolucionando para convertirse en una herramienta de control sanitario (como en la pandemia de COVID-19), de control militar (como en algunas ciudades durante la Segunda Guerra Mundial), de control político (en París, durante la Revolución Francesa) y de control de seguridad, como en la época colonial en ciudades como Quito y Guayaquil para mantener el orden, evitar robos y prevenir levantamientos populares.
En los últimos años, en nuestro país se han decretado toques de queda por motivos santitarios entre los años 2021 y 2022, luego de atentados delictivos entre 2022 y 2023, y, últimamente, luego de la declaratoria de conflicto armado interno, de manera focalizada en algunos cantones y provincias desde el año 2024.
Nuevamente, el presidente Daniel Noboa ha decretado otra restricción de movilidad desde el 15 al 30 de marzo, entre las 23h00 hasta las 05h00 del día siguiente, en cuatro provincias del país, entre ellas, la provincia del Guayas, incluyendo a la ciudad de Guayaquil, como parte de un plan, del que aún poco se conoce y que no deja de generar incertidumbre y preocupación.
¿Era necesario anticipar con tantos días el anuncio del toque de queda? ¿Es parte de una estrategia o fue un error de cálculo y de comunicación? ¿Cuánto afectará al comercio y a la movilidad de los habitantes? ¿Qué sanciones habrá para quienes lo incumplan? Y, sobre todo, ¿qué efectos reales habrá sobre la violencia actual que vive el Ecuador?
Todos esperamos resultados positivos, por el bien del país.