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César Febres-Cordero Loyola | Guayaquil, botín de piratas

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Para Febres-Cordero, campeón de las autonomías, Guayaquil debía ser defendida desde su propio suelo

Hace unos días hubiera sido un cumpleaños más de León Febres-Cordero Ribadeneyra, a quien muchos recuerdan como uno de los más grandes alcaldes que haya tenido la ciudad de Guayaquil, si no el más grande. Incluso los críticos del resto de su carrera política y hasta muchos de sus oponentes aplaudieron su gestión al frente de la municipalidad porteña.

En tiempos recientes, Aquiles Álvarez, que se dice “rafaelcorreísta” y que llegó por la RC al Sillón de Olmedo, confesó ser admirador de León (y de su sucesor, Jaime Nebot Saadi). Por supuesto, tampoco es extraño ver a la derecha evocar su recuerdo, como en el caso de las páginas gobiernistas que con frecuencia comparan favorablemente al presidente Noboa con él. Sin duda veremos mucho más de eso en estos meses.

En su último discurso en conmemoración del 9 de Octubre, León pronunció unas palabras que hoy permanecen plasmadas en un pequeño obelisco al pie del cerro: “Desde el fondo de mi alma les pido a los guayaquileños que defiendan con el coraje que nos caracteriza lo que tanto nos ha costado, que Guayaquil no vuelva a ser nunca más botín de piratas, que haya siempre hombres y mujeres dispuestos a dar su vida por defender sus libertades y su derecho a un mañana mejor”.

Para Febres-Cordero, campeón de las autonomías, Guayaquil debía ser defendida desde su propio suelo y no desde la capital, por un gobierno local responsable por sus decisiones antes los votantes de la ciudad. Por eso, aunque su pelea con el entonces alcalde Abdalá Bucaram lo llevó hasta a impulsar su salida de la alcaldía y del país, él nunca pretendió tomarse la corporación municipal. Cuando sus roles se invirtieron casi una década después, la pelea reinició (y Abdalá volvió a parar en el exilio), pero Guayaquil no sufrió por ello.

Si León estuviera entre nosotros, difícilmente sería un defensor del alcalde Álvarez (con certeza sería todo lo contrario), pero su principal lucha sería por defender a Guayaquil, sus empresas públicas, sus dineros y su aeropuerto. No es complicado ver que hoy pelearía solo, abandonado por una ciudad que se ha olvidado de sí misma.