Editoriales

Reabrir las escuelas

La salud emocional de jóvenes y niños, el progreso del país y la reactivación de un importante sector productivo así lo demandan.

Tres razones de peso vuelven imperativo el regreso a clases presenciales. Primera: la salud psicológica de los estudiantes, ya que el encierro y la falta de interacción con sus compañeros están desencadenando trastornos de ansiedad y depresión en niños y adolescentes. Segunda: el futuro del Ecuador, pues la limitada conectividad y deficiente calidad del Internet, así como el elevado número hogares que no cuentan con celulares o computadoras que permitan que sus hijos puedan acceder a clases virtuales, han dado paso a un elevadísimo abandono escolar. Un año lectivo completo y otro en curso en estas condiciones traerán como consecuencia graves deficiencias cognitivas. Tercera: la economía de miles de familias cuyo sustento depende del sinnúmero de actividades ligadas a la asistencia a establecimientos educativos, que están prácticamente paralizadas desde el inicio de la pandemia. El regreso a las aulas de 77 unidades educativas debe ser el primer paso de un retorno ordenado, controlado y escalado, pero inmediato, de todo el sistema educativo ecuatoriano, de tal forma que brinde confianza a los padres de familia en materia de bioseguridad para que apoyen la decisión. La salud emocional de jóvenes y niños, el progreso del país y la reactivación de un importante sector productivo así lo demandan.