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La publicidad oficial simplemente no puede ser utilizada como moneda de cambio por reportajes serviciales u omisiones cómplices

El dinero público es de los contribuyentes. Los funcionarios en cargos gubernamentales, de todo nivel, son solo administradores temporales de esos recursos y deben rendir cuentas del manejo que hacen de ellos. Se espera, siempre, eficiencia y transparencia en su gestión y de ninguna manera que sean utilizados para autopromoción o para comprar el silencio complaciente de periodistas o medios de comunicación bajo el disfraz de publicidad.

La prensa libre e independiente investiga el desempeño de las autoridades y figuras políticas, y cómo este influye y hasta determina el destino de la sociedad. A través de información contrastada y verificada, permite a los lectores formarse un criterio respecto a los hechos y acciones analizados, aun cuando ello pueda incomodar a alguien.

La publicidad oficial no puede, bajo ningún concepto, ser utilizada como moneda de cambio por reportajes serviciales u omisiones cómplices, ni como medida de presión para que un medio de comunicación cese en su labor de denuncia. Mucho menos puede una autoridad destinar su intervención en una conmemoración cívica para atacar el trabajo de un periodista. Por el contrario, embates de ese tipo, cuando se cumple con integridad la misión de informar, lejos de constituir un agravio se vuelven una condecoración.