Editoriales

Piedras en el turismo

Sin embargo, la larga espera forma una fila única fuera en la que se juntan todos los pasajeros -de destinos nacionales e internacionales- con sus maletas y sus familiares remolones.

Sinsentidos con sello anticovid. Mientras las autoridades sanitarias mundiales aún discuten cómo se propaga el coronavirus, Ecuador aplica unas restricciones por horario o espacios como si el covid se quedara en la puerta o se fuera a dormir. En lugar de ayudar a reactivar el turismo, lo enredan. Hay que obtener salvoconductos, emitidos por el ministerio, que demoran horas o días, pese a que son un mero registro de datos. Datos que también se solicitan mediante un formulario al llegar al aeropuerto de Guayaquil con el fin de saber si algún pasajero ha tenido síntomas. El espacio para rellenar el documento no es mayor a unas mesas pequeñas en las que confluyen todos los pasajeros de un avión que vuela repleto en sus asientos, sin el distanciamiento social que sí se exige para entrar al mismo.

También hay que ir al aeropuerto con tres horas de antelación para cumplir con los controles sanitarios: nadie ingresa sin haber metido su equipaje por una cabina de ozono y sin un control de temperatura. Tampoco se puede acceder al interior, si no está abierto el counter para evitar aglomeraciones. Sin embargo, la larga espera forma una fila única fuera en la que se juntan todos los pasajeros -de destinos nacionales e internacionales- con sus maletas y sus familiares remolones.