Editoriales

No olvidar a Venezuela

Al respecto, el Ecuador tiene constancia diaria de la magnitud de esa tragedia. 

Salvo el reciente llamado a mantener “esperanza”, la América Latina, luego de los duros días de octubre, parece no llamar la atención de otros líderes del planeta, pese a situaciones como la que vive Venezuela. Al respecto, el Ecuador tiene constancia diaria de la magnitud de esa tragedia. 

Cada calle de todas sus ciudades permite que se escenifique cotidianamente, de la mañana hasta la noche, el drama de un padre desesperado con su gastado cartelón pidiendo ayuda para comer, acompañado de su joven pareja portando un niño asustado en sus famélicos brazos.

Se supone que todos quienes pasan cercanos a los mendicantes se conmueven pero, no todos aprovechan la luz roja del semáforo para colaborar, aunque fuese con unos centavos o un trozo de pan. Miran para otro lado mientras transcurren los segundos y quizás hasta piensan que esos migrantes se han vuelto una plaga y siguen raudos su camino, sin inquietudes en la conciencia. Deseable sería alguna acción de los organismos internacionales, sumada a la solidaridad de los particulares que han acumulado grandes fortunas, destinada a paliar la situación. Y por supuesto, también la organización de una respuesta política que determine la superación del inaceptable estado de cosas que, a la fecha, pareciera no tener finalización previsible.