Editoriales

Un mal año que termina

"Se va un año duro que ni siquiera podrá ser 'quemado'"

Solo para no perder la memoria conviene refrescar con rasgos generales los hechos negativos que acompañaron al 2020, año que debió ser hermoso por las importantes conmemoraciones que en el tuvieron lugar, tal cual la del bicentenario de la Independencia de Guayaquil. Sin duda, la pandemia marcó, especialmente a la ciudad del 9 de Octubre, con enfermedad y muerte, con miedo y dolor. Los días hasta hoy transcurridos tienen una huella que será de larga duración. Ojalá sirva para no bajar la guardia en cuanto a cumplir con las medidas aconsejadas para evitar contagiar o ser contagiado y superar la sacrílega corrupción que jugó con la vida de los ecuatorianos. La COVID-19 incrementó la crisis económica que con la caída de los precios del crudo tuvo brusca acentuación con más desempleo. Los impactos sufridos por los sectores productivos los mantiene en alerta frente a la posibilidad de un rebrote que determine nuevas decisiones restrictivas, más perdida de empleo, más inseguridad en las calles.

Con la salvedad de las victorias deportivas generadas por esforzados atletas, poco de buen sabor deja el año que termina, en buena hora con una nota feliz para la gran hinchada barcelonista y con la esperanza de un mejor porvenir a partir de la capacidad de elegir con acierto al nuevo gobierno.