Editoriales

Lecciones desde Chile

También por haberle puesto fin a la constitución que durante cuarenta años mantenía vivo el mal recuerdo de los largos años de dictadura.

Siendo Chile un país con el que Ecuador guarda fraternales relaciones, lo primero a desear es que tenga éxito en el proceso recién iniciado con un respaldo popular que ha devenido en histórico, dada la magnitud alcanzada. Cabe también felicitarlo por haber superado un estado de beligerancia que llegó a intolerables aberraciones, con ningún argumento justificables pero, al parecer necesarias para conmover a una clase política satisfecha con sus logros en materia de crecimiento económico y el establecimiento de una democracia formal, aunque divorciada de la sensación de desencanto de la mayoría del pueblo. También por haberle puesto fin a la constitución que durante cuarenta años mantenía vivo el mal recuerdo de los largos años de dictadura.

Ahora, la sensación es la de haberse tomado la oportunidad para un nuevo comienzo, no para perpetuar un régimen, como ha estado sucediendo en América Latina, sino para revisar con objetividad su sistema de producción, internacionalmente conceptuado como exitoso y, sobre todo, su sistema de redistribución, que tiene desmesurados desniveles. Queda el continente en espera del nuevo texto constitucional, en esta ocasión dejado para su elaboración en manos de las chilenas y los chilenos para ser luego aprobado o no, con voto obligatorio.