Editoriales

Infiltrados adentro

El Gobierno denuncia tramas de desinformación y las atribuye, dependiendo del momento, con más o menos explicitud al correísmo y sus aliados, como olvidando que están en sus propias filas.

No es nada difícil encontrar fotos de algunos de los protagonistas de estas semanas que han liderado la labor de informar sobre el avance del coronavirus a los ecuatorianos, con una camiseta verde flex y los brazos en alto en actos de campaña antiguos.

No es difícil encontrar dentro del Gobierno personajes con autoridad para el manejo de recursos públicos que ya vieron, con mayor o menor distancia, en tiempos pasados cómo se despilfarraba el dinero de los contribuyentes en operaciones que solo beneficiaban a los poderosos.

Teniendo el virus en el cuerpo gubernamental, resulta incoherente que despachen acusaciones, sin pruebas en mano transparentadas, sobre una campaña de desinformación tramada como estrategia para desestabilización.

Bajo ese paraguas, las autoridades desacreditan informaciones y periodistas, como si las historias de muertos, de mala gestión de cadáveres o las denuncias de desatención ciudadana comprobadas, contrastadas y publicadas no fueran reales.

En tiempos difíciles, Carondelet ha dibujado un patrón: el que critica es correísta o le hace el juego al correísmo. ¿Y acaso no ha estado este siempre dentro del Gobierno en puestos estratégicos?