Editoriales

Gobierno a supletorio

Tener una buena Educación y un buen sistema de Salud es costoso, pero el coronavirus ha desvelado, a punta de dolor, que mucho más le cuesta a una sociedad no tenerlos.

El coronavirus ha demostrado que de un golpe se pueden romper todos los esquemas y los modelos preconcebidos y que se puede hacer de forma inmediata y con alcance mundial. Aparte de esa lección de fugacidad de lo que se da por hecho, la pandemia del COVID-19 ha dejado un mensaje a todos los gobiernos: no se puede luchar contra grandes males sin un sistema de salud cuidado y alimentado apropiadamente con inversión, profesionales y conocimientos.

Es decir, que el Estado debe garantizar los servicios fundamentales porque los imprevistos no avisan al llegar. En Ecuador, aparte de haberse evidenciado con más crudeza, con el abandono de cadáveres en la calle, el rezago de las instituciones en la prestación de lo más básico, el Gobierno parece que ha decidido ignorar la lección de la que han tomado nota hasta los más reticentes en aceptar la idea de un Estado de bienestar. La primera muestra es el anuncio del recorte presupuestario en la educación superior, o sea, en esa fase de la vida de los ecuatorianos donde se forma médicos, ingenieros, estadistas, gestores de la Administración Pública... Tener una buena Educación y un buen sistema de Salud es costoso, pero el coronavirus ha desvelado, a punta de dolor, que mucho más le cuesta a una sociedad no tenerlos.