Editoriales

Todos los días de la Tierra

"Son innegables los efectos negativos que la acción del hombre le está causando a la
Tierra"

Ya no importa la fecha. Se la instauró en abril, el día 22, pero la situación obliga a celebrarla cotidianamente. Todos los días deben ser el día de la Tierra. Al menos, así deberíamos considerarlos rindiendo homenaje de gratitud a la vieja nave donde viajamos sin pagar pasaje.

La lección que está dándonos la enorme tragedia de Australia, tal cual la de antes en la Amazonía, de la que somos parte, debe ser razón suficiente para entender el riesgo en que nos encontramos.

Sin fomentar visiones catastrofistas, todos, aprovechando el inicio de un nuevo año que casi siempre nos impele a realizar promesas altruistas, deberíamos comprometernos a salvar lo que nos queda del llamado planeta azul.

Luego de la decepción de la Cumbre de Madrid queda claro que la acción está en manos de todos y cada uno de los seres “racionales” que lo habitamos. Tal cual expresaba Oscar Wilde: “La Tierra es un teatro pero, tiene un reparto deplorable”. Todavía, y de paso entre los actores protagónicos, predomina una irresponsable ignorancia que sigue incrementando, incluso fomentando, el calentamiento global. Así, el cambio climático, aunque irrefutable, no genera las políticas requeridas para salvar la Tierra. Cuidar el agua, por ejemplo, debería ser una tarea que nos autoasignamos, con ese propósito.