Editoriales

Deseos incendiarios

Utilizar “por diversión” un objeto inflamable portando fuego en su interior, sin saber a dónde irá a caer es un acto de total irresponsabilidad.

Cientos o miles de globos del deseo se elevaron en nuestros cielos para recibir el nuevo año. Cientos o miles de peligrosas bolas de fuego que una vez lanzadas pueden desplazarse por largas distancias, perdiéndose por completo el control sobre el trayecto que seguirán, lo que además hace muy difícil sentar la responsabilidad en quien lo generó, si se produce un incendio. Por eso se debe prohibir su comercialización: que ningún local o vendedor ambulante pueda expenderlos, y sancionar su uso, como ya se ha hecho en otros países.

Utilizar “por diversión” un objeto inflamable portando fuego en su interior, sin saber a dónde irá a caer es un acto de total irresponsabilidad. Puede terminar en un hospital, en un hotel, en casas cuyos dueños están ausentes, o en bosques y pajonales, provocando incendios forestales.

Ya en enero de 2019 una casa se quemó en Quito y otra resultó afectada en Samanes 1, en Guayaquil, y este 1 de enero de 2020 hubo un conato de incendio que destruyó mobiliario en el balcón de un departamento en Salinas, todo producto del uso de estos globos, además de cortes de luz en nuestra ciudad. Hasta aquí las pérdidas han sido materiales. Que no haya que lamentar muertes o devastadores fuegos en áreas protegidas para que las autoridades tomen las medidas pertinentes.