Editoriales

Cuidar la vida

Celebremos las fiestas de fin de año con precaución y sensatez.

Ante el privilegio de estar vivos hoy, 25 de diciembre, tras haber superado el bullicio y el trajín de estos días previos a la Navidad, vale la pena hacer un alto y reflexionar sobre la fragilidad del tan preciado don de la vida en nuestras calles y carreteras. Son innumerables los hogares ecuatorianos que han perdido a uno de los suyos en accidentes de tránsito. Los datos del INEC indican que Ecuador es el país con la “cifra más alta de fallecidos por cada mil siniestros en toda la región” y esta deplorable distinción se debe principalmente a la irresponsabilidad de conductores y peatones. 

No son las fallas mecánicas ni los inevitables e imprevisibles eventos de la naturaleza los que mayoritariamente ciegan vidas en nuestras vías sino la imprudencia, la impericia y la inobservancia de las señales, ubicando a los accidentes de tránsito como una de las principales causas de muerte entre los ecuatorianos.

Que la prisa o la distracción por querer contestar un mensaje en el celular, el irrespetar una luz roja o un pare, o el manejar bajo los efectos del alcohol no se conviertan en el lamentable motivo por el que una familia pierda a uno de sus integrantes. Celebremos las fiestas de fin de año con precaución y sensatez.