Editoriales

Crisis social

"La tragedia de aquel ex guardia de seguridad se une a la desesperación en la que vive la comunidad norteamericana por los más de 30 millones de desempleados por el COVID-19"

Los hechos violentos registrados en varias ciudades de Estados Unidos tras la muerte de un afroamericano en manos de un policía en Minneapolis, son un signo alarmante de los niveles que ha alcanzado la crisis social y económica, castigada por la pandemia del coronavirus. La mecha se ha encendido al punto de que cientos de organizaciones pro derechos humanos alrededor de la nación decidieron salir a las calles para enfrentarse al fantasma del racismo aún latente. Sin embargo, la tragedia de aquel ex guardia de seguridad, cuyo fallecimiento fue registrado en video, se une a la desesperación en la que vive la comunidad norteamericana por los más de 30 millones de desempleados, las consecuencias del confinamiento y la incertidumbre por el futuro inmediato. Este escenario no es exclusivo de un país donde el músculo financiero es mayor al de cualquiera del continente. En el sur ya se siente el descontento por la falta de medicinas, de oportunidades laborales, pero, sobre todo, por el hastío que causa la corrupción en todos los niveles. Los gobiernos tienen la tarea de evitar que los desmanes se extiendan por el territorio y que cualquier exceso de poder contra los ciudadanos genere un estallido sin precedentes, cuyas consecuencias serán difíciles de contener.