Editoriales

La agitación detestada

La elección de una nueva directiva indígena, en la antítesis ideológica del brazo político del mismo, pondrá difícil el encuentro en los puntos de fricción que haya que negociar

Una cosa es protestar y presionar al poder y otra desestabilizar. Una cosa es salir a las calles y otra destruir la convivencia. El artífice de uno de los últimos episodios de agitación social que se salió de control y cuyas consecuencias económicas y penales aún siguen impagas es hoy líder del movimiento indígena.

Irrespetando incluso sus disposiciones internas de alternar la dirigencia con una mujer, hoy las bases arcoíris tienen de representante a un fundamentalista que se aferra a unas ideas sobre subsidios por más que no haya beneficio económico para los más desfavorecidos y solo para las pudientes mafias de contrabandistas.

El Gobierno ha colmado de guiños su relación con el brazo político indígena y ha llevado sus gestos, ya sean sinceros o calculados políticamente, al territorio en aras de no azuzar unas movilizaciones que podrían frustrar las prioridades nacionales que no distinguen de tendencias o etnias: economía y vacunación.

La elección de esa directiva hará más difíciles los acercamientos políticos cuando toque negociar entre el colectivo y las autoridades los asuntos de mayor fricción. Eso, sin olvidar, el fraccionamiento interno del movimiento.