El terror a la prensa… independiente | Por Xavier Zavala Egas
La prensa, como contrapeso democrático, incomoda al poder cuando denuncia abusos, opacidad y corrupción
Empecemos diciendo que, conceptualmente, entendemos como prensa a toda plataforma o medio que sirva para difundir información u opinión; es decir, que esté al servicio de la libertad de expresión. Justamente por su labor investigadora y difusora de opiniones es que, desde el poder, siempre se la ha destacado. Como decía Montesquieu: “…no es un poder del Estado, pero cumple una función equivalente: vigila, denuncia y expone…”.
Y aquí entramos al meollo del asunto: en gobiernos democráticos que se suponen transparentes en sus procesos, respetuosos de los derechos e institucionalmente sólidos, la prensa es una aliada. Sin embargo, cuando el abuso caracteriza al poder y este pretende el control total del discurso, “…el disenso es visto como una amenaza… debilita la obediencia” (Schmitt). Ahí surge realmente el sentido democrático de la prensa, que, abriendo espacios de debate ciudadano, ayuda a justificar o deslegitimar al poder.
Cuando el poder se desboca
Aterrizando los comentarios anteriores, cuando el poder público se desboca y empieza a cooptar la institucionalidad del país, sin dejar espacio alguno que permita al ciudadano oxigenar sus libertades o hacer valer sus garantías. El momento que el gobierno opera sus procesos con una opacidad tenebrosa, manteniéndolos lejos del escrutinio público. Al instante que se evidencia que los círculos de poder delincuenciales, mantienen nexos con titulares y operadores de los órganos de dirección y control más importantes de país. Al minuto que un manto de corrupción cubre todos los espacios en el que los funcionales al gobierno actúan. En tales circunstancias, digo, es que la prensa debe justificar su existencia, denunciar los abusos y evitar el colapso del Estado. El temor del gobernante no es el señalamiento precisamente, sino la exhibición que se hace de sus prácticas carentes de ética, surge de permitirle a la ciudadanía sentir la hediondez que emana de su forma de ejercer el poder público.
La censura como política pública
Si ya la prensa pasa a ser calificada de enemiga del autoritario poder, pues ya se convierte en una política pública la censura de ésta mientras incomode al gobernante. Las formas de censurar son muchas, las tenemos disfrazadas bajo la forma de “vacunas”, la pauta o publicidad es el antígeno del sector público y/o privado (desde las empresas del gobernante), con el que se amenaza no dar o retirar conforme a los comentarios en los espacios de opinión respectivos. Nos sorprendieron con otra forma muy eficaz de censura, ocurre cuando se derrochan dólares públicos, privados, limpios o sucios no importa, en tanto sirvan para comprar, adquirir el medio de comunicación enemigo al régimen y matar la palabra rebelde, dejando a simples marionetas en el micrófono o con la pluma. Otra manera de censurar muy grave, sucede cuando se manipula el Derecho para servir al interés autoritario. El servidor público se convierte en el brazo ejecutor del importante censor, manoseando la ley a su antojo e intentando atemorizar al medio de comunicación con una eventual sanción, o, controlar éste empresarialmente.
Sí, el gobierno está aterrorizado. Miedo a la prensa porque es el único contrapeso que existe y puede ejercer una fiscalización eficiente. Terror a quedar descubiertos mostrando la corrupción o abusos existentes. Miedo a que en un corto plazo las investigaciones efectuadas pueden activar fiscales, jueces, rechazo social o reproches internacionales. Terror a no controlar el relato ni la agenda del debate. En definitiva, le tienen pavor a la prensa independiente porque saben que están perdiendo credibilidad, apoyo ciudadano y legitimidad.