Columnas

¿Sociedad perdida?

Cuando en el futuro no muy lejano hablemos de la corrupción en tiempos de Lenín Moreno, el reparto de los hospitales será la referencia y no por montos.

¿Será que por desquite nos hicieron “salir de Guatemala para entrar en guatepeor?” ¿Será que seleccionaron el reemplazo de Alexandra Ocles para hacernos creer que ella no es tan mala como la han hecho parecer? ¿Será que estamos equivocados y la exsecretaria de Riesgos es una víctima de engaños que la llevaron a contratar 7 mil kits de alimentos a sobreprecio. Y que su reemplazo dejó de ser correísta y transmutó a morenista, tras ejercer como coordinador zonal del Ministerio de Gobierno? ¿Será que la ministra María Paula Romo confía en Rommel Salazar y lo cree inocente de los señalamientos que han hecho en su contra?

La verdad, no sé qué creer, ni a quién. Dudo de las autoridades, dudo del Gobierno central, dudo de los gobiernos locales. He perdido la capacidad de asombro en el manejo ruin de los hospitales en tiempos de pandemia y en la burda participación de entidades gubernamentales distraídas de su razón de ser. Basta revisar los diarios o sintonizar los noticieros para conocer del desfile de denuncias de corrupción en hospitales de aquí y allá, en contratos firmados o por firmar en medio de la emergencia sanitaria nacional.

Así, lo peor que ha podido pasar ha pasado en estos días, los más duros de la historia que se recuerde. Y cuando hablo de lo peor es la pérdida de la fe en nuestra sociedad, corroída por la ambición y vuelta cínica. Una sociedad que ha hecho gala de la miseria humana; sin caída de caretas, pues los protagonistas de esa miseria siguen escondidos e intocados. Unos cuantos secundones han caído. La mafia que está detrás, no.

Cuando en el futuro no muy lejano hablemos de la corrupción en tiempos de Lenín Moreno, el reparto de los hospitales será la referencia y no por montos, sino por la vergüenza. Será difícil entonces entender que fue una 'entrega' a cambio de votos en la Asamblea Nacional, o de otros favores políticos, o de entendimientos en pos de la gobernabilidad. Sé que era imposible preveer un costo tan alto, y peor anticipar que una pandemia llegara y mostrara el estado de la red hospitalaria nacional.

Los ‘beneficiados’ con los hospitales tampoco lo vieron venir. Se dejaron simplemente comprar por una mafia de larga data, que se encargaba de facilitarles un beneficio económico, a cambio de dejar en otras manos el teje y maneje de los contratos de compras de insumos y mas. ‘La mafia’ se encargaba de los detalles, asegurando que los precios de referencia de las adquisiciones se mantuvieran dentro de los límites legítimos, lo que no es igual a los verdaderos costos en el mercado. Se aseguraban de no caer en distorsiones que causaran alarma y que las casas de salud en general puedan adquirir lo mismo en valores parecidos. Así, ninguna alarma sonaba.

Hoy se sabe que buena parte de las empresas proveedoras, cuyos verdaderos dueños constituyen esa ‘mafia’ de la que se habla, han estado relacionados entre sí, aunque con otras fachadas, otros nombres, otras direcciones.

La Fiscalía General ha cumplido una serie de allanamientos, abriendo investigaciones por doquier. La Contraloría de su parte, adelanta 81 auditorías y 53 exámenes especiales a Gobiernos Autónomos Descentralizados, algunos de ellos entregados también a las mencionadas ‘mafias’.

¿Qué saldrá de todo esto? Nadie lo sabe. Pocos tienen esperanzas. Mientras tanto, saltan como canguil las fotos del nuevo secretario de Gestion de Riesgos, vistiendo camisa verdeflex, como era común en tiempos de correísmo. Total, ha sido el génesis de muchos, nada más que la realidad.