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Nada queda oculto

La escena clave del circo la presenta un israelí que halló la muerte en su celda de la penitenciaría del Litoral.

Nada queda oculto.
Nada queda oculto.EXPRESO

Muchos dirían que vivimos en un país de circo, en cuyo escenario principal se exhiben los más diversos números. Muchos dirán que cada presentación es grosera, vergonzosa, incluso cruel, reconociendo empero que la realidad es más compleja y lastimosa que la ficción. Los escándalos del Ecuador de hoy parecen sacados de las series televisivas sobre narcos y bandidos, donde la espectacularidad de un caso es superada y mejorada permanentemente.

El acto circense que ahora es estudiado desde todos los ángulos, no tiene payasos sino delincuentes. No genera risas, sino espanto, pero tiene también una dosis de esperanza, porque pareciera que la verdad y la justicia llegan a darse la mano.La escena clave del circo la presenta un israelí que halló la muerte en su celda de la penitenciaría del Litoral, en circunstancias oscuras. ¿Quién lo mató, quiénes y por qué lo mandaron a matar? Semanas atrás se movilizaba en un imponente Porsche Cayenne y vivía en un lujoso apartamento en Quito. Tenía dinero y fama. Había escapado de una prisión de Panamá engañando al director con la promesa de entregarle un millón de dólares.No se sabe cómo llegó a Ecuador en febrero pasado, y si lo hizo solo o acompañado por quien fue su último compañero de negocios y de celda. La suerte les jugó mal cuando fueron apresados con más de 100 mil dólares en efectivo en la provincia de Santa Elena, portando falsas credenciales de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos, la DEA. En la entrega de estos documentos forjados participaron motorizados de la Agencia Municipal de Tránsito de Quito, en complicidad con otros vendedores de papeles fraudulentos…

En su declaración a la autoridad, Shy Dahan dijo que vendía insumos médicos y que su último cliente había sido Jacobo Bucaram Pulley, quien le pagó 300 mil dólares en efectivo. La venta no resulta ningún acto delictivo, pero las circunstancias la complican.Shy Dahan y Oren Sheiman se movilizaban con caravanas de seguridad, con carros escoltas y motorizados. De nada les sirvió. Cayeron en las garras de la ley. Días después de estar encarcelados, en el denominado pabellón consular de la penitenciaría del Litoral en Guayaquil, Shy Dahan murió, por golpes en la cabeza. Entonces se viralizaron conversaciones telefónicas con el expresidente Abdalá Bucaram, donde el primero manifestaba amenazas de muerte y el exmandatario, su palabra de manejar el tribunal de justicia que lo juzgaría. Eran palabras, sí, palabras, pero demasiado sospechosas al punto de haber desencadenado varias investigaciones judiciales que han complicado aún más la situación del exmandatario. 

Le allanaron nuevamente su casa y lo detuvieron con la intención de trasladarlo a Quito, bajo el argumento de garantizar independencia judicial.La noticia, con todos los elementos para haberse convertido en escándalo, comparado a un acto de circo, deja en segundo plano al juicio contra Daniel Salcedo y resta espacio en los titulares de la prensa a la expectativa por el recurso de casación a la sentencia del caso Sobornos, donde el expresidente Rafael Correa se juega su futuro político.Todo esto, en medio de la declaratoria de estado de excepción para el sistema carcelario del país, ha quitado impacto a la confesión del exdirector del Secob, René Tamayo, quien admitió haber entregado cargos a varios asambleístas, dando nuevos elementos al gran reparto de los hospitales.

Entre el hastío y la impotencia por estos hechos que no logran ser sometidos plenamente por la justicia, destaco lo que va saliendo a la luz y brillando como un halo de esperanza, de manera que nada quede oculto, que nadie quede libre de recibir lo que le corresponde.Todos los nombres y todos los hombres que se van revelando, en una suerte de popular escarnio, parecieran confirmar que este tiempo está en concordancia con la verdad. Y la verdad nos lleva a la justicia, aunque sus caminos resulten impensados o inexplicables. Me alivia saber que es así, que aun en épocas convulsas las verdades tienen una fuerza insospechada, logrando emerger desde las entrañas más oscuras.