Un país de sanos

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Un país de sanos

Parece una utopía: un país que no tiene sistema de salud pública. Pero bueno, Ecuador ya tiene también el orgullo de carecer de servicio de correos.

Estimado ecuatoriano, si usted tiene pensado enfermarse, tenga la consideración de irse a otro país. Hágalo por usted, principalmente, y por el bien de Ecuador. Porque este país es solo para los sanos. Este mensaje está especialmente dirigido a los enfermos con diagnósticos graves, de esos para los que urge un tratamiento preciso, oportuno, recurrente y de calidad. Aquí solo hay medios para los que no necesitan nada del sistema de salud. No hay, vamos.

Parece una utopía: un país que no tiene sistema de salud pública. Pero bueno, Ecuador ya tiene también el orgullo de carecer de servicio de correos. No es de extrañar que en algún momento eliminen la prestación sanitaria. Hace por lo menos tres presidencias que este país dejó de ser un territorio para enfermos. Las emergencias de los hospitales no son los atropellos, infartos, traumatismos o similares. Son las emergencias por falta de insumos. No hay pacientes en las urgencias. Es el hospital mismo y la salud los que están en emergencia desde hace más de 10 años.

Todos saben por qué. O eso dicen. Pero nadie corrige nada, aunque todos hayan coincidido también en tener la solución a la ineficiente gestión y a la contaminante corrupción. Y, al final, o nada cambia o empeora.

Esta columna de opinión -que es más bien como un confesionario de derrotismo- es casi tan repetitiva como las veces que hemos tenido que escuchar, sin poder dar más solución que publicar su historia, los testimonios de pacientes con cáncer o enfermedades terminales que no reciben a tiempo sus medicinas. O accidentados que no pueden operarse porque no hay alcohol o hilo de sutura. O enfermos de cualquier cosa que tienen que comprar todo para ser atendidos. Solo les prestan el conocimiento médico.

Eso, estimadas autoridades, no es tener sistema de salud. Por más que haya un membrete en el Ministerio de Salud y en cada hospital. La negligencia, la indiferencia, el abuso y la corrupción han condenado a Ecuador a ser un país solo para los sanos. Los demás no tienen opciones. Son bienvenidos a marcharse, porque no tiene pinta de que alguien vaya a tomarse el asunto en serio, de verdad, y de una vez. Podría, incluso, -como sus propias dolencias- ir a peor.