No huelo nada

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No huelo nada

Pero me temo que si recupero el olfato, todo seguirá oliendo igual de mal

Con mucha fortuna y medidas de cuidado, había sorteado hasta ahora el coronavirus. Con más fortuna, he tenido un cuadro leve que solo me ha dejado sin olfato. No huelo nada. Lo bueno es que no huelo las cosas feas de la vida que, lamentablemente, son más intrusivas y más numerosas que las buenas. Lo malo es que me gustaría que me pasara lo mismo con la corrupción perpetuada. Ojalá no oliera como se huelen esos casos que están ahí, se conocen y hasta se denuncian pero no se extirpan.

Los hospitales. Aún recuerdo a Rafael Correa en una enérgica jornada ir al Teodoro Maldonado y escandalizarse porque en las bodegas había medicinas caducadas y los enfermos se quejaban de falta de medicamentos. Emergencia declarada en el hospital. ¿Solución? Ninguna.

También me acuerdo de Jorge Wated y Juan Carlos Zevallos en una rueda de prensa con las mismas réplicas enérgicas. Y ahora, lo mismo. Pasan los gobiernos y nada cambia. Todos se sorprenden del nivel de corrupción. Que es más profundo y grave de lo que se imaginaban. Todos prometen -y lo anuncian enérgicamente- que van a sanear de raíz el problema. Todos terminan sacando justificaciones cuando pasa el tiempo y el resultado vuelve al inicio: pacientes sin medicinas o sin insumos tan simples como jeringuillas, esparadrapo o paracetamol. Es hasta difícil de creer que escaseen esas cosas. ¿Qué será de las dolencias complejas y delicadas?

Eso en los hospitales. Pero, ¿y el IESS? ¿Y la CFN? ¿Y la contratación pública? ¿Y las carreteras? ¿Y la función de control? ¿Y la detección del lavado de activos? ¿Y el manejo de los seguros? ¿Y la contaminación policial y militar? ¿Y el mercado bursátil? ¿Y las multas de tránsito? ¿Y las filas en el Registro Civil, el SRIo la Cancillería? ¿Y los carnés de discapacidad? ¿Y las aduanas? ¿Y los tramitadores? ¿Y los permisos de obras? ¿Y la política para erradicar la violencia machista? ¿Y los jueces? ¿Y los fiscales? ¿Y los bonos de ayuda? ¿Y la reconstrucción? Si hay algo de eso que hoy, con casi ocho meses de un gobierno que prometió cambio, haya mejorado o funcione con absoluta pulcritud, que saque la cabeza, salude y guíe al resto. Pero me temo que si recupero el olfato, todo seguirá oliendo igual de mal.