La justicia viene de afuera

  Columnas

La justicia viene de afuera

Cuando la justicia propia no es autónoma y actúa por encargo (el caso Arroz Verde es otro ejemplo) solo queda avergonzarnos de que la verdadera nos venga de afuera

Cuando una sociedad tiene una administración de justicia farsante, se arriesga a que los ejemplos más dolorosos le vengan de afuera.

El caso Restrepo es emblemático. Una sentencia foránea dijo lo que décadas de cinismo taparon: fue un crimen de Estado contra dos adolescentes. Y si no fuera por una fiscal norteamericana, el caso FIFA no habría rozado a Ecuador, donde un periodismo deportivo generalmente genuflexo con el poder y los anunciantes fue ciego, torpe y mudo ante la corrupción de nuestra dirigencia deportiva. “Luchito es todo…”.

Ahora hay dos casos que pueden darnos una nueva lección: la investigación que se hace en EE. UU. sobre la gigantesca operación de lavado de dinero que comandaba un presunto testaferro de Nicolás Maduro y la sentencia que se planea dictar en la Corte Interamericana de DD. HH. sobre El Universo.

En el primero se trata de un operador del villano que mal gobierna Venezuela. “Los amigos de Alex Saab no se explican cómo un tipo tan común y corriente se convirtió en el chacal financiero de la revolución bolivariana”, dice Gerardo Reyes, el periodista colombiano que investiga el tema. El asunto puede salpicar a Ecuador, porque si Saab habla de todo el mecanismo que utilizaba, eso incluiría al sistema de compensación monetaria llamado Sucre, con el cual se justificaba importaciones ficticias en países de sello bolivariano… Para hacerlas necesitaba altos contactos en los gobiernos. En Ecuador sería Jaime Sánchez Yánez, un asesor del gobierno de Rafael Correa “en temas internacionales”. Ya veremos.

El otro caso es sobre la sentencia que usó un artículo de opinión desmedido para meter en el saco a los directivos de un diario y acusarlos de “autoría coadyuvante”, un invento grosero que solo quería poner de rodillas a toda la empresa y someterla. Lo que vimos por entonces quedará en los anales de la vergüenza: un juez que dicta sentencia a la velocidad de un rayo y un pendrive que le dice por dónde es el camino…

Cuando la justicia propia no es autónoma y actúa por encargo (el caso Arroz Verde es otro ejemplo) solo queda avergonzarnos de que la verdadera nos venga de afuera.