Columnas

Al diablo con la cívica

Yo escucho “Amor a la Patria” en boca de políticos y me erizo.

Desde el pasado enero, hay por lo menos 4 anuncios gubernamentales sobre el cambio de pénsum escolar. Quieren convencernos de que gran parte de la lucha contra la corrupción es incluir materias como Cívica o, incluso, Amor a la Patria. Yo escucho “Amor a la Patria” en boca de políticos y me erizo. La inmensa mayoría de los que he conocido ama el dinero, la fama, las prebendas y los adulos. La patria, para ellos, es el poder.Si les van a enseñar a las nuevas generaciones la cívica y la ética que ellos practicaron, “apaga y vámonos”. Les propongo -a ustedes, ellos ya están perdidos- mandar al diablo la cívica. Luchemos para que se enseñe una materia llamada “Pagar Impuestos”. Pagarlos bien involucra principios muy concretos: responsabilidad, honradez, solidaridad, transparencia… Por favor, piénsenlo un ratito: pagar impuestos es todo eso.Cuando no los pagamos nos llenamos de excusas: que son malos, que ahuyentan inversores, que se los roban los políticos, que nunca se sabe para qué sirven. Pretextos.Pagar impuestos es un acto de justicia: “gano más, pago más, contribuyo más”. Gracias a ellos existe la Espol, por ejemplo, que en el balance es una gran universidad. Y por ellos la educación de las universidades privadas antiguas es menos costosa ¡para más de 100 mil alumnos! Y hay 1’200.000 pacientes que curan sus males anualmente en los hospitales públicos. Y 4 millones que hoy tienen 8 horas al día para recibir consultas externas, que son gratis y no como las del IESS, que cuestan y tardan meses. Por los impuestos, en fin, todos los trasplantes de órganos son gratuitos…Sí, hay errores. Sí, molesta que una parte de lo pagado engrose fortunas de burócratas rateros. Pero que el árbol no tape el bosque: pagar impuestos es una herramienta eficaz para mejorar la vida de un país. Lo saben Finlandia, Dinamarca, Islandia o Suecia, que por algo están entre los más competitivos y, a la vez, los menos inequitativos del mundo.Propongo pagar impuestos. Y exigir que se inviertan muy bien. Si hacemos eso, a la “cívica” que les gusta a los políticos la podemos mandar al diablo. Y a ellos también.