Adolescentes tardíos

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Adolescentes tardíos

¿Tiene idea este par de lo que en verdad estamos enfrentando? ¿Percibe la magnitud de la tragedia que estamos cocinando?

En las afueras de un hotel 5 estrellas abaten a un abogado, defensor de investigados por narcotráfico. Antier, en una plaza de la zona con ciudadelas amuralladas acribillan a una persona. En un restorán urdesino o en un café de la calle principal de Los Ceibos asaltan a sus clientes… Son escenas del último mes en Guayaquil. La lista de estampas de la inseguridad es recursiva. E interminable…

Para quienes crean que la afirmación es exagerada, digieran estos datos: tenemos más del doble de muertes violentas que el año anterior, que ya fue terrible. Casi la mitad de esos crímenes involucra a Guayaquil y su zona de influencia. La misma Policía Nacional ha dicho que dos de cada tres son del crimen organizado, léase ‘narco’, porque las principales bandas locales son satélites del negocio más lucrativo del planeta. Hay el doble de robos. O más de 400 asaltos a buses escolares en lo que va del año… Resumen: Guayaquil es 3 veces más violenta que hace un lustro.

Y mientras esa barbarie se instala, las autoridades se citan para hablar de la seguridad, pero se enfrentan como gallitos. La alcaldesa de Guayaquil fue a una reunión en Quito escoltada por más de 60 vehículos municipales. “Solo nos costó la gasolina y la alimentación”, dijo ella, para justificar el derroche a la vez torpe y grosero, y una postura de confrontación con el Gobierno.

El régimen suele responderle con tuits infantiles, firmados por otro figureti como la alcaldesa, el señor gobernador, un nostálgico de los superhéroes. ¿Tiene idea este par de lo que en verdad estamos enfrentando? ¿Percibe la magnitud de la tragedia que estamos cocinando?

La lucha contra el narcotráfico requiere madurez, unidad, dos dedos de inteligencia -como mínimo- y también un par de esos que pone la gallina, metafóricamente hablando, pero en talla avestruz. Obliga a dejar las niñerías y diseñar una política de Estado. Sumar expertos, estudiar experiencias similares, convocar a una cruzada que involucre a la sociedad. Tomar conciencia. Y, sobre todo, callarse la boca, salvo que se tenga soluciones y no actitudes de adolescentes tardíos. De políticos indolentes.