Nicaragua se desangra

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Nicaragua se desangra

"Daniel Ortega, esa mala copia de su mafioso mentor Fidel Castro, acaba de encarcelar
al sexto candidato presidencial que podía hacerle competencia..."

Nicaragua vive tal vez su peor calvario. Y no es noticia. No lo es porque quienes controlan el relato de la historia no la quieren por ahora en el mapa. Pero en el de Latinoamérica está y debería interesarnos, como cuando una Revolución, la Sandinista, tomó el poder en andas del pueblo y supuso un aire fresco en su destino.

No lo fue: los herederos de Augusto César Sandino, el líder histórico que dirigió el alzamiento contra la ocupación norteamericana de 1927, enterraron sus ideales en cuanto probaron las mieles del poder. Y desde que regresaron a él, hace 14 años, instauraron una dictadura que gobierna a punta de asesinatos y terror: casi 500 muertes impunes, decenas de miles de encarcelados u obligados al exilio, toda crítica silenciada. A la represión armada institucional se suma una horda de matones a los que Daniel Ortega, el dictador que controla todos los poderes del Estado, llama “agentes voluntarios”. Tienen visa para matar.

Ortega, esa mala copia de su mafioso mentor Fidel Castro, acaba de encarcelar al sexto candidato presidencial que podía hacerle competencia en los comicios de noviembre próximo. Suena increíble, pero es cierto: como se sabe débil electoralmente, ha tomado la demente decisión de eliminar a todos sus adversarios acusándolos de un delito mayor: pedir elecciones limpias. No solo se conforma con los que iban mejor en la carrera, sobre todo Cristina Chamorro, la influyente periodista que lideraba las encuestas, sino que ahora arremete contra opositores que no destacaban en los sondeos: el apresado esta semana es el líder campesino Medardo Mairena.

Supera todo antecedente lo que sucede en Nicaragua, y transcurre mientras los ¿demócratas? del continente miran para otro lado, tan torpes e indolentes, y la izquierda jurásica y amoral -la de Ecuador incluida- sigue defendiéndolo tal como lo hace con ese otro delincuente que ha destruido a Venezuela, Nicolás Maduro.

Nicaragua se desangra y no está tan lejos: es parte de un cuerpo llamado Latinoamérica. Y si ese cuerpo tiene cáncer hay que arrancarlo de raíz o terminará regándose. Como en Venezuela. Y ojalá que no en Perú.