Rosa Torres Gorostiza | Muñecas distractoras
Cómo se explica que cabecillas criminales sean dueños de empresas de vigilancia con arsenales de guerra?
La corrupción en la Justicia no es un daño colateral del caos que vive el país: es su principal combustible. El caso Godoy, lejos de ser un episodio aislado, desnuda un sistema judicial enfermo, donde fiscales y jueces corruptos han sido piezas clave para que delincuentes, narcotraficantes y miembros del crimen organizado entren y salgan de los tribunales con una facilidad insultante. Allí nacen las injusticias y se consolida la impunidad que hoy tiene al Ecuador de rodillas.
Resulta inaceptable que investigaciones de esta gravedad sean desvirtuadas con cortinas de humo, cuidadosamente fabricadas para distraer a la opinión pública. El espectáculo reemplaza a la verdad, y el escándalo superficial sirve para ocultar responsabilidades profundas. Mientras tanto, la Fiscalía continúa administrando silencios, la UAFE parece selectiva en su ceguera y los organismos de control se refugian en una burocracia cómoda que no incomoda a nadie poderoso.
La lucha contra el lavado de dinero no es un favor que estas instituciones le hacen al país, es su obligación. Sin embargo, el dinero de las estructuras criminales ha circulado con una facilidad obscena gracias a la venia -o la complicidad- de corruptos. Así se explica que el crimen organizado no solo dispare, sino que compre, venda, invierta y se legitime, alimentando la peor crisis de seguridad de nuestra historia.
No permitamos que las llamadas ‘muñecas de las mafias’ se conviertan en el nuevo distractor nacional. No son ellas el problema central. El verdadero drama está en un Estado incapaz de garantizar salud digna, vialidad básica, justicia honesta y transparencia mínima. Mientras el Gobierno se enreda en relatos convenientes, el país real sigue esperando respuestas.
El caso Mocolí es otra señal de alarma: la fragilidad del control sobre la seguridad privada es escandalosa. ¿Cómo se explica que cabecillas criminales sean dueños de empresas de vigilancia con arsenales de guerra? Empresas que, en lugar de proteger a la ciudadanía, terminan siendo brazos armados del terror. Esto no ocurre por casualidad, sino por ausencia -o corrupción- del control estatal.
A ello se suma la peligrosa laxitud en notarías, registros de la Propiedad y gobiernos locales, que permiten transacciones millonarias sin controles exhaustivos, facilitando el lavado y la consolidación patrimonial de las mafias.