Columnas

“El sueño americano”

"No existe el sueño cubano, venezolano, argentino o socialista"

En todos los países, pocos en el primer mundo, gente de todo nivel anhela vivir en EE. UU. para conseguir el “sueño americano”: trabajar y lograr mejores condiciones de vida para ellos y sus familias. No existe el sueño cubano, venezolano, argentino o socialista. Nunca se habló del sueño soviético o peor del chino. O del ecuatoriano. La Carta de Derechos de EE. UU. protege la libertad de expresión y religiosa, el derecho de portar armas y de reunirse, y la libertad de petición. Prohíbe la búsqueda e incautación irrazonable, el castigo cruel e inusual y la autoincriminación obligada. La “igualdad” como principio jurídico o constitucional, no existe. Lo básico es la “libertad”. En EE.UU. no se habla ni legisla sobre “igualdad” social, política o económica. La Declaración de Derechos prohíbe al Congreso pasar ley alguna sobre religión; al gobierno federal privar a cualquier persona de la vida, libertad o propiedad sin el “debido proceso” legal. En casos criminales federales se requiere de una acusación por un gran jurado, sea delito capital o crimen reprobable. Garantiza un juicio público rápido con un jurado imparcial en el distrito en el cual ocurrió el crimen. Prohíbe el doble enjuiciamiento. La Constitución de EE. UU. (1787) en Filadelfia, es ley básica del sistema federal. Define los organismos principales del gobierno y sus jurisdicciones, y los derechos básicos de los ciudadanos. El 15 de diciembre de 1791 se implantaron 10 enmiendas a la Constitución (Carta de Derechos). Limita poderes al gobierno federal para proteger los derechos de los ciudadanos, residentes y visitantes en territorio estadounidense.

El odio y envidia de socialistas y totalitarios contra EE.UU. confunde a muchos. Viven en el pasado. Desde la Revolución francesa (1789): izquierda, derecha o centro pregonan la igualdad social. Son antiyanquis. Perturban la mente de la juventud. El socialismo, con hipocresía y mala fe, lava el cerebro de pobres y sin trabajo. Asegura que la envidia, odio de clases y deseo de venganza son de naturaleza colectiva. Se eternizan en el poder y roban la riqueza de otros. Promueven la “igualdad” y avasallan la libertad, propiedad y vida ajenas.