La legítima defensa

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La legítima defensa

"La adrenalina y el ‘shock’ emocional hacen que la víctima proceda a defenderse instintivamente, llevando la peor parte por no portar armas de fuego, mientras los delincuentes sí"

Para que un acto sea antijurídico deberá amenazar o lesionar, sin justa causa, un bien jurídico protegido por el Código Orgánico Integral Penal -COIP, pero no existe infracción penal cuando la conducta penalizada se encuentra justificada por estado de necesidad o legítima defensa, que son causas de exclusión de la antijuridicidad.

El mismo Código en su art. 33 establece que existe legítima defensa cuando la persona actúa en defensa de cualquier derecho, propio o ajeno, siempre y cuando concurran los siguientes requisitos: 1. Agresión actual e ilegítima. 2. Necesidad racional de la defensa. 3. Falta de provocación suficiente por parte de quien actúa en defensa del derecho.

La agresión actual e ilegítima es el ataque inminente, agresivo, real, no provocado, injustificado y antijurídico. Hay quienes en defensa de los delincuentes pretenden desnaturalizar el ataque a la víctima, diciendo que no fue real, que en ningún momento disparó el arma ni ha causado heridas, lo cual es absurdo, puesto que con el solo hecho de amenazar o de iniciar un acto que pueda ser entendido como principio de agresión o ataque, ya daría a la víctima el derecho de defenderse, así no haya materializado la agresión como tal.

En cuanto al segundo requisito, la necesidad racional de la defensa, determina un equilibrio de la agresión recibida por la víctima y su nivel de defensa. Aquí es donde suelen fallar los operadores de justicia, al confundir el equilibrio racional con igualdad de armas, o igualdad de fuerza o agresión. El agredido no sabe que va a ser atacado ni cuál es el arma que utilizará el delincuente o agresor, peor su real intensión, pero se siente en grave peligro inminente. Por tanto, al momento que inicia la amenaza de agresión ya está en su derecho a defenderse con lo que tenga para hacerlo, no está en condiciones de preguntarle al delincuente si lo va a matar con arma de fuego, con cuchillo o tenedor. La adrenalina y el ‘shock’ emocional hacen que la víctima proceda a defenderse instintivamente, llevando la peor parte por no portar armas de fuego, mientras los delincuentes sí.