Columnas

Democracia

Se proclama dueño de la verdad, lo cual no es ético ni legal, porque tiene que aceptar el mandato de la mayoría.

La democracia es la organización política del gobierno de un Estado, en que los habitantes eligen a sus gobernantes, quienes son los que ejercen el poder político por medio de la Función Ejecutiva. En países democráticos, sus ciudadanos son escuchados y pueden expresar sus opiniones sobre temas de importancias para la ciudad, región o país, por ser parte de sus derechos. Pero no necesariamente significa que deba hacerse lo que se dice o expresan. Democracia no es sumisión de la autoridad ni imposición a la misma, debe prevalecer el derecho como norma de convivencia y el respeto.

A la democracia se la conoce como el poder del pueblo, pero siempre se caracteriza por la subordinación de las minorías frente a las mayorías, no a la inversa. Las minorías tienen derechos, pero no gobiernan. Reconoce la libertad de las personas y la igualdad de sus derechos. La forma de manifestarse es por medio del sufragio.

La jornada democrática del domingo 7 de febrero debe ser considerada no solo como el ejercicio del derecho de participación, sino como la manifestación democrática de un pueblo que quiere cambios, la mayoría influenciados por la doctrina ideológica diseminada por la América Latina desde hace 30 o 40 años.

Sea cual fuere el resultado del escrutinio de los sufragios, debe ser respetado por quienes han participado en la contienda electoral. Lamentablemente, cuando un sector o candidato no obtiene la votación suficiente, como para suavizar su pérdida proclama de inmediato fraude, porque según sus cálculos él debía ganar. Se proclama dueño de la verdad, lo cual no es ético ni legal, porque tiene que aceptar el mandato de la mayoría.

Burdo y nefasto ejemplo lo pasado en Estados Unidos, cuando el expresidente que participaba para su reelección no quería aceptar el mandato de la mayoría, ocasionando que encuernados se tomaran el Parlamento en un acto de barbarie y subversión que esperamos no se replique en nuestro país, donde algunos se han mal acostumbrados a delinquir, amparados en la democracia y el derecho de expresión o resistencia, sin límites.